Temblamos siempre, aplazamos ese momento, ridículos, iluminados por la alcahueta luz, desencajados. El silbato del taladro incita a recordar… Para despistar, nos comenta la actualidad. Asentimos con jadeos.
Llega el delicado silencio. Distingo acrobacias de una patosa araña campando por el inmaculado techo, poco le importan mis premolares.
Mis angustias retozan desde el dolor al temor. Se desliza a la bóveda palatina, adornada con el succionador. No distingo sus ojos, sus intenciones. ¿Aguarda movimientos para abandonarse, indolente?
Ahora cambia el rumbo, desaparece. El dentista, testigo de mi repentina relajación, me felicita.
No pregunté si entre ellos había complicidad… ¿Irán a medias?



























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