Guadalupe Eichelbaum nació en Buenos Aires (Argentina) en 1968, pero reside en la provincia de Málaga desde los seis años. Procede de una familia de escritores entre los que destaca su abuelo, Samuel Eichelbaum, importante dramaturgo.
A pesar de haberse decantado por estudiar Ciencias Biológicas, siempre ha compaginado su trabajo docente con su labor literaria hasta que una enfermedad le impidió continuar dando clases, desde entonces se dedica exclusivamente a escribir.
En el plano no literario ha colaborado en la redacción de libros de promoción turística para la Junta de Andalucía.
Ha publicado nueve novelas en diversas editoriales, empezando por El peregrinaje de Rubén (Edit. Alhulia, 2005) hasta la última, Cuento de la luna (sello eTerciopelo, Roca Editorial, 2020).
Se atreve con géneros de lo más variados, desde el terror hasta la novela romántica.
Ha escrito relatos para un buen número de antologías. Y también cuentos infantiles.
En 2020 vio la luz su primer poemario, El grito que callaba (Edit. Independiente).
Tiene una página web: https://guadalupeeichelbaum.home.blog/. En ella podréis encontrar algunos relatos y poemas.
¿Cómo llegaste a participar en “La navaja del silencio”?
-Fue por casualidad, vi en Facebook que estaban buscando autores para una antología y, cuando supe la temática, dije inmediatamente que sí, pues yo soy superviviente de ASI (Abuso Sexual en la Infancia) y muy consciente de la importancia de visibilizar este problema.
¿Te ha sido muy duro escribir sobre un tema tan delicado como los abusos sexuales?
-La verdad es que no, pero porque he centrado mi relato en un tema secundario que me parece muy relevante: el normalizar el poder comunicar lo que te ha ocurrido y cómo se puede reaccionar sin minimizar ni cuestionar a la persona que ha verbalizado algo tan terrible. Y lo he hecho prácticamente en forma de cuento infantil, con idea de que, si un adulto lo ve adecuado, pueda darlo a leer a un menor para ayudarlo a hablar del tema.
¿Cuánto tiempo le llevó escribir su relato?
-Unas semanas.
¿Qué se pretende conseguir con esta antología?
-Ante todo, visibilizar, que la gente deje de cerrar los ojos ante esta realidad atroz. Se calcula que al menos un 20% de la población ha sufrido abusos sexuales en su niñez y se actúa como si estas cifras no existieran. Si estuviéramos hablando de un virus, todos los padres estarían exigiendo soluciones, pero como es un tema desagradable, no se funciona así.
Y me gustaría hacer hincapié en la cantidad de víctimas que conozco, cuyos padres no saben lo sucedido. Sin embargo, todos los padres dan por sentado que a sus hijos no les ha ocurrido y están convencidos de que ellos lo sabrían. Pero no es así.
¿Cuál fue su primer trabajo literario?
-El primer relato que publiqué, en 2002, en el boletín de la O.N.G. Málaga Acoge, se llamaba Mi lado de la verja.
¿En qué se inspira a la hora de escribir?
-Uff, en todo, en lo que veo, en lo que me cuentan, en lo que siento… Tengo un amigo escritor, Antonio Lozano, que dice que soy un vampiro, que me alimento de las vidas de los demás para escribir mis libros, (risas)
¿Es un autor de mapa o de brújula?
-De brújula, siempre.
Como lector, ¿a qué autores admira? ¿Cuál es su género favorito?
-Admiro a Virginia Woolf, Stevenson, Heinrich Böll, Anthony Doerr, Muriel Barbery, Milan Kundera, Horacio Quiroga y muchos más.
-No tengo un género favorito, depende de lo que me apetezca leer en cada momento. Y me pasa igual al escribir, por eso tengo novelas de géneros tan diversos.
¿Qué consejos darías a los escritores que se inician en el mundo de la literatura?
-Que sigan su voz interior. Parezco el árbol de Pocahontas, pero es lo que pienso.


























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