Lope de Vega, un best seller del Siglo de Oro español

Josefa Molina Lunes, 08 de Febrero de 2021 Tiempo de lectura:

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Fuenteovejuna
Juntad el pueblo a una voz;
que todos están conformes
en que los tiranos mueran.
Lope de Vega

 

Recorrer el Barrio de las Letras de Madrid, perderme por sus librerías, tiendas y bares, leer las doradas sentencias literarias inscritas en sus calles, recrearme con su ambiente y su caminar lento, siempre supone para mí, uno de esos placeres, no diría inconfesable, dado que lo estoy exponiendo sin tapujos, pero sí tremendamente íntimo y personal. Y es que el Barrio de las Letras es lugar de visita obligada e indispensable en cada ocasión que piso tierra madrileña.

2 BARRIO DE LAS LETRAS

Es precisamente en este maravilloso barrio de Madrid donde se encuentra ubicado el inmueble que ocupó Félix Lope de Vega Carpio, más conocido como Lope de Vega, en sus últimos veinticinco años de existencia, justo en la calle que lleva por nombre a uno de sus enemigos más férreos, su contemporáneo Miguel de Cervantes, a quien le dedicamos la anterior crónica ‘Las Casas-museo y sus moradores literarios. Un recorrido personal’. Sobre la casa museo del autor de ‘Fuenteovejuna’ (1619) versa la presente entrega de estas crónicas literarias.

FOTO 3 LOPE DE VEGA¿Quién mató al Comendador? -Fuenteovejuna, Señor. -¿Quién es Fuenteovejuna? -Todo el pueblo, a una." ¿Quién no conoce este párrafo? ‘Fuenteovejuna’ (1619), obra de Lope de Vega (1562-1635), fue una de las obras literarias de nuestros clásicos españoles que más me impactaron en mi época de como estudiante de Bachillerato, junto a otro clásico fundamental: ‘La Celestina’, la Tragicomedia de Calisto y Melibea, atribuida a Fernando de Rojas, obra que gozó de mucha difusión hasta su prohibición en 1792. Léanla y descubran el por qué.

Con la madurez que me ha otorgado el paso del tiempo, ambas obras se me presentan ahora como profundamente modernas, a pesar de haber sido escritas La Celestina, en el siglo XV, y Fuenteovejuna, en el XVII. Y esta percepción, no hace más que reafirmarme en mi idea de la necesidad de conocer, leer y releer a los clásicos, empezando por los españoles. Y es que los dramas y las tragedias ya las inventaron los griegos y no se ha hecho más que darles vueltas y expresarlas en otros escenarios y de otras formas, pero siendo eso, dramas y comedias griegas, al fin y al cabo.

Cuando el padre de Malibea exclama desde el dolor más profundo aquello de ¡Oh mi compañera buena, oh mi hija despedazada! ¿Por qué no tuviste lástima de tu querida y amada madre? ¿Por qué te mostraste tan cruel con tu viejo padre? ¿Por qué me dejaste, cuando yo te había de dejar? ¿Por qué me dejaste penado? ¿Por qué me dejaste triste y solo in hac lachrymarum valle? ¿Por qué me dejaste triste y solo en este valle de lágrimas?... ¿No es terrible? La Celestina pone sobre la mesa, entre otros temas, la siempre complicada relación intergeneracional, las dificultad de entendimiento mutuo entre los jóvenes y sus pasiones irracionales y los padres y sus moralidad encorsetada, entre el hoy y el ayer que, cuando no se entienden, terminan, a veces, fraguando trágicos episodios con desenlaces desesperados como el de la Celestina.

Y pregunto, ¿no es este tema de lo más actual? ¿No lo fue ayer, no lo será mañana? Me temo que la respuesta es algo así como que nos acompañará siempre, como animales sociales que somos. De ahí su perpetua modernidad.

También resulta rabiosamente moderno el contenido de crítica política-social que encierra ‘Fuenteovejuna’. ¿O es que no contamos con dictadores, tanto históricos como actuales, que avasallan a su pueblo y se arrojan para sí mismos todos los derechos divinos sobre los demás cuales dioses del olimpo saltándose el más mínimo respeto a los derechos humanos, utilizando para ello el miedo y la represión más descarnada? Estoy segura de que a todas y todos nos vienen a la cabeza más de un ejemplo. Tampoco hay que irse muy lejos, ni en el tiempo ni en el espacio geográfico.

El problema es que, al contrario que en la obra de teatro de Lope de Vega, la realidad es, que ante cualquier intento de ir contra el orden establecido, este es erradicado de forma inmediata utilizando para ello la más cruel represión, el encarcelamiento y las armas. Una cosa es la ficción y otra la realidad, aunque afortunadamente contamos en la historia de la humanidad con estupendos ejemplos de realidades que han hecho evolucionar a las sociedades hacia posicionamientos más democráticos, más justos y salvaguardas de los derechos humanos a pesar de la represión, de las armas y del miedo. Vaya desde aquí mi admiración y respeto por todas aquellas personas que se han jugado la vida para hacer de este mundo algo mejor para todas y todos. ¡Gracias por ello!

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Pero perdonen la divagación, que estas crónicas van de las casas-museos. Volvamos a la de Lope de Vega. Félix Lope de Vega Carpio nació en Madrid a finales de 1562, hijo de Félix de Vega y Francisca Fernández Flórez, según parece naturales del Valle de Carriedo (Cantabria). La familia marchó a Madrid en busca de mejores opciones laborales para el padre, de oficio bordador. La vida de Lope de Vega resultó ser de lo más épica. Se dice que con cinco años ya leía en romance y en latín. ¡Con cinco años! Algunos ni con cincuenta, saben hablar castellano. En fin...

Sobre 1580 se dio a conocer como poeta. En 1583 formó parte de la expedición de don Álvaro de Bazán en la conquista de la Isla Terceira y a su vuelta conoció a Elena Osorio, hija del empresario teatral Jerónimo Velázquez, a la que nombra en sus versos como Filis. Pero hete aquí que, ante el desplante de Elena, le dio por publicar unos libelos contra ella y su familia, siendo detenido y condenado a cuatro años de destierro del reino y ocho de la corte. Ay, don Lope, mal empezamos.

No contento con eso, va y en 1588, rapta a Isabel de Urbina (la Belisa de sus poemas), casándose con ella por poderes. El 29 de mayo embarcó en Lisboa en La Invencible, que no como sabemos, resultó no ser tan invencible, y a su regreso, comenzó una intensa actividad literaria que ya no frenaría a lo largo de toda su vida. En 1595 fallecen Isabel y su hija mayor y al levantarse el destierro, ya conocido como dramaturgo, regresó a la Corte.

La verdad es que la vida amorosa de Lope de Vega fue de lo más movida e intensa, dejando amantes e hijos por doquier. Vamos, todo un don Juan, aunque ese no sería él, sino uno de los pretendientes de su hija, pero de eso escribiré más adelante.

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En el ámbito que nos interesa, sobre 1598 comenzó su rivalidad literaria con otro grande de las letras del siglo de Oro, el poeta y dramaturgo Luis de Góngora (1561-1627). El autor de ‘La Filomena con otras diversas rimas, prosas y versos’ (1621), prolongaba sus composiciones más refinadas siguiendo la lírica instaurada por Garcilaso y revitaliza formas líricas populares, que suele insertar en sus comedias. Esto hizo que Góngora, a quien admiraba y temía, le atacara sin pudor.

¿Y qué decir de su relación con Cervantes? En una carta a un amigo, afirmaba Lope: “De poetas no digo: buen siglo es éste. Muchos están en ciernes para el año que viene; pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe a don Quijote". Por su parte, el de Alcalá de Henares le llamó Monstruo de la Naturaleza, sin duda no con muy buena intención. Estaba claro que la relación amor-odio era mutua tal vez porque Lope de Vega, el creador de la comedia moderna y hombre de éxito en vida, anhelaba escribir novelas mientras que Cervantes, creador de la novela moderna y cuya éxito literario devino con el paso de los siglos, quería tener componer las comedias. En fin, hágase el milagro, y hágalo el diablo.

FOTO 7 07CORRAL DE LA COMEDIA TEATRO PRÍNCIPE SIGLO XVII CORRAL DE LA COMEDIA. TEATRO PRÍNCIPE SIGLO XVII

En 1616, Miguel de Cervantes falleció en su vivienda de la madrileña calle León, esquina con la calle Francos (donde residía Lope de Vega) y fue sepultado en el colegio de las Trinitarias Descalzas, situado en la antigua calle Cantarranas, hoy calle Lope de Vega. Todo un irónico juego del callejero municipal que ha destinado a ambos grandes de las letras españolas a estar unidos más allá de la muerte. Por cierto, que existe una película que refleja muy bien la animadversión entre ambos autores: ‘Cervantes contra Lope’ (2015), dirigida por Manuel Huerga e interpretada por Emilio Gutiérrez Caba como Cervantes y José Coronado en el papel del autor de ‘La Dorotea’ (1632).

Al que llamaban el ‘fénix de los ingenios’, se le conocía también como el Poeta del cielo y la tierra, ya que, según parece, existía un credo popular que decía “Creo en Lope de Vega todopoderoso, poeta del cielo y la tierra..." que fue prohibido por la inquisición toledana en 1647. ¡Con la Iglesia hemos topado!

Lo curioso es que, tras una crisis religiosa, ingresó en 1607 en la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento, lo que no impidió que siguiera manteniendo relaciones amorosas con diversas mujeres como con la actriz Jerónima de Burgos y con Marta de Nevares, la que parece fue su última pareja conocida. De Nevares es la famosa Amarilis de sus versos y la Marcia Leonarda de la dedicatoria de sus novelas, con quien tuvo a su hija Antonia Clara. Será esta hija quien se fugue años después con un tal Cristóbal Tenorio, quien la abandonó y con quien Lope llegó a batirse en duelo. Parece que ser que fue en este Tenorio en quien Tirso de Molina se inspiró para crear a su personaje más emblemático, el seductor Don Juan Tenorio.

El 25 de agosto de 1635, nuestro autor sufrió un desmayo que le obligó a guardar cama. Dos días después, moría en su casa de la calle de Francos – hoy calle Cervantes- cuando contaba setenta y tres años. Las honras fúnebres fueron costeadas por el duque de Sessa y se convirtieron en un homenaje multitudinario al autor de ‘El caballero de Olmedo’ (1620-1625). El funeral fue prohibido por el Consejo de Castilla por la vida poco regular del finado. ¡Ups!

Eso sí, dejó tras de sí una existencia llena de aventuras en la que cultivó la mayor parte de los géneros vigentes en su tiempo. Así, escribió unas 1.500 piezas dramáticas, de las que se conservan 426 comedias a él atribuidas y 42 autos sacramentales, además de contar con una extensa obra lírica, novelas de caballerías y bizantinas, zarzuelas, obras mitológicas, autos sacramentales, obras de santos y un largo etcétera. De hecho se le puede considerar como el best-seller del Siglo de Oro, ya que no solo era un autor de publicaba muchas obras, unas tras otras, y que era apremiado para ello por los editores, sino que las mismas se reeditaban en varias ocasiones. Lope de Vega fue, sin duda, un autor con bastante éxito editorial en vida.

Presentado el personaje, que no me digan que no es de lo más maravilloso, vamos con la casa-museo dedicada a su figura. Como comenté al inicio de esta crónica, se encuentra situada en pleno centro histórico, en el Barrio de las Letras, donde vivió sus últimos veinticinco años.

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La vivienda se construyó hacia 1578, comprándola el autor de ‘El mejor alcalde, el rey’ (1620-1623) en 1610 por 9.000 reales. En 1935, tras la realización de reformas parciales, el edificio fue declarado monumento histórico-artístico y fue abierto al público como casa-museo. Entre 1973 y 1975 fue restaurada de nuevo por Fernando Chueca Goitia y fue sometida a una tercera restauración entre 1990 y 1992. En 1990 se firmó un Convenio de Cooperación Cultural entre la Real Academia Española y la Comunidad Autónoma de Madrid, que finalmente, desde el 18 de diciembre de 2007, asumió la gestión de la misma.

En la puerta de entrada hay una inscripción que dice: “D. O. M. / PARVA PROPIA MAGNA / MAGNA ALIENA PARVA”, algo así como “Lo pequeño, siendo propio, es grande / Lo grande, siendo ajeno, es pequeño”.

El edificio, de dos plantas, recrea el ambiente de las viviendas de la época y cuenta con obras de arte, mobiliario y ediciones bibliográficas vinculadas al literato y su tiempo. De hecho, en su interior se exhiben varios cuadros prestados por el Museo del Prado y el mobiliario, del siglo XVII, procede de la Fundación García Cabrejo. En la habitación que fue el estudio de Lope de Vega se han reunido las obras indispensables de su tiempo y se hallan expuestos tres de sus manuscritos propiedad de la Real Academia Española: El bastardo Mudarra, El príncipe despeñado y La desdichada Estefanía. ¡Toda una maravilla para la vista!

El propio autor, en una carta dirigida a un amigo, definía su vivienda como “Mi casilla, mi quietud, mi güertecillo y estudio". Efectivamente, cuenta con un patio-jardín interior precioso, un lugar con magia en el que no es difícil imaginarse al poeta pasear o leer tranquilamente a la sombra de uno de sus árboles.

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La nota curiosa de la vivienda la establece el cuarto para huéspedes. Les cuento: una orden impuesta en 1561 por Felipe II, obligaba a los propietarios de las casas de más de dos plantas a alojar a militares o miembros de la corte en su vivienda, motivo por el cual el Capitán Contreras se alojaba como huésped en la casa de Lope de Vega. Durante la visita guiada por la casa, nos indicaron que fue la figura de ese Capitán la que inspiró el escritor Arturo Pérez-Reverte para dar forma a su famoso Capitán Alatriste, protagonista de una saga de novelas de aventuras y espadachines en la que también hace aparecer Pérez-Reverte a algunos de los principales exponentes del siglo de Oro español, a saber, el propio Lope de Vega así como Góngora, Velázquez y Francisco de Quevedo. ¡Qué siglo más productivo y extraordinario para las letras y las artes! Aunque realmente el periodo abarca más de cien años ya que su inicio se sitúa en la reconquista de Granada y descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492 y el final se ubica en la fecha del fallecimiento de Calderón de la Barca en 1681.

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Como pueden imaginar la casa-museo acoge una amplia gama de actividades dirigidas a difundir la obra del autor de ‘Isidro’ (1599), aunque lo que más me gustó fue el despacho con una reproducción del famoso retrato del poeta, obra atribuida a Eugenio Cajés, presidiéndolo. ¡Cuántas veces habré visto ese cuadro en los textos de literatura!

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En fin, si con todo lo dicho, no se animan a visitar la casa-museo de Lope de Vega y recrearse en todo lo que les ofrece, les mandaré a mi madrina y les retaré en duelo, porque no acercarse a este grande de las letras castellanas supone, sin duda, un acto infame merecedor del mayor de los castigos. Y es que, adentrarse en las obras de Lope de Vega es uno de esos combates por lo que merece la pena batirse, todos a una.

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Más información, en este enlace
Fotos: Casa-Museo Lope de Vega.
Texto: Josefa Molina

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