Saramago y la otoñal lucidez del escritor Nobel

Josefa Molina Lunes, 21 de Diciembre de 2020 Tiempo de lectura:

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¡¡Adoro Lisboa!! ¿Cómo no voy a adorar a una ciudad mágica en todos los sentidos, en la que la vida avanza pausada a golpe de tranvía rumbo a Alfama, donde el fado embriaga los sentidos sentada en las puertas del Castelo de São Jorge, donde las gaviotas pasean bravas a la orilla del enorme Tajo? Lisboa es de esas ciudades en las que no te sientes extranjera, en la que pasear por sus calles es como recorrer por una parte sísmica de tu propia historia.

Pero además, ¿cómo no voy a adorar a la ciudad en la que vivieron dos de mis escritores favoritos? Porque si el eterno Pessoa fue el protagonista de la anterior crónica sobre ‘Las Casas-museos y sus moradores literarios. Un recorrido personal’, José Saramago y sus casas-museos, las ubicadas en Lisboa y en Tías (Lanzarote), lo son de este nuevo reportaje.

La verdad es que me fascinó la fachada de aquel extraño edificio con sus picudos adornos, ubicado muy cerca del río Tajo. Recuerdo que una ligera brisa me acariciaba el rostro y arrastraba hasta mis oídos el sonido de las gaviotas el día de brillante sol que visité la Casa dos Bicos, en el barrio de la Alfama de Lisboa.

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El edificio, que fue construido como vivienda en 1523 por encargo de Brás de Albuquerque, hijo del conquistador de Ormuz, Afonso de Albuquerque, fue diseñado por elarquitecto y escultor portugués, constructor de la emblemática torre de Belém, Francisco de Arruda. Tras el terremoto de Lisboa de 1755, el edificio quedó destruido, desapareciendo los dos últimos pisos. La familia Albuquerque vendió la casa en 1973 y durante un tiempo fue utilizada como almacén y sede de comercio de bacalao.

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Fue reconstruida en 1983 y adquirida por la Cámara Municipal de Lisboa, entidad que la cedió en 2008 a la Fundación José Saramago para fijar en el edificio su sede principal. Desde 2012 alberga una exposición permanente sobre la vida y obra del premio Nobel de Literatura 1998, “A Semente dos Frutos“, y es sede de eventos culturales como conferencias, debates, seminarios y presentaciones de libros. En la parte baja el inmueble, se pueden contemplar un conjunto de estructuras como la muralla fernandina y tanques romanos de base cuadrangular, destinados a la salazón y conserva de pescado. Una maravilla de gran valor arqueológico.

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La exposición sobre la obra y figura del novelista y poeta José de Sousa Saramago (Portugal, 1922-Lanzarote, 2010) ocupa uno de los pisos de A Casa dos Bicos. En un blanco espacio diáfano, el visitante se encuentra con una amplia muestra de todas las obras del autor de ‘El año de la muerte de Ricardo Reis’ (1984), así como puede visionar diversos manuscritos, textos originales, vídeos y una amplia exposición fotográfica del autor con variadas personalidades del mundo literario.

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La exposición incluye una gran fotografía de Samarago en Lanzarote, isla donde residió durante sus últimos 18 años de vida junto a su compañera, Pilar del Río. El escritor se trasladó al municipio de Tías, en Lanzarote, tras abandonar Portugal en protesta al veto del Gobierno uso a su presentación al Premio literario Europeo al considerar que su obra ‘El Evangelio según Jesucristo’ (1991) ofendía a los católicos.

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Gracias a este hecho, contamos en Tías con la espléndida Casa-museo ‘A casa de Saramago’ que visité un mes de agosto de 2016. Oh, por favor, qué fantástica experiencia poder visitar su vivienda, observar con tristeza el dormitorio donde falleció a los 87 años un 18 de junio de 2010, recorrer las estancias donde descansaba con su familia y amigos, saborear el café portugués con el que te acogen durante la visita y sobre todo, poder admirar el horizonte azul del mar desde la silla de madera de su jardín de picón, donde el escritor se sentaba durante las plácidas tardes a jugar con sus perros.

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De aquella visita nació este poema que ahora les comparto:

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Hoy vi tu silla

A José Saramago
Hoy vi tu silla,
aquella desde donde solías
contemplar las puestas de sol,
aquella que, apostada en el jardín,
espera aún que tu cuerpo
envejecido repose
en la eterna primavera.
 
Desde ella todo es calma,
¡bien parece que la vida se parara
mientras tú ya no respiras
entre el olivo y la palmera!
 
Tus perros ya no tienen a quien ladrar,
y el tiempo se condensa entre suelos
de picón y paredes blancas.
 
Me pregunto si aquella isla
que hoy contemplé
será la misma que
tus ojos observaron tantos días.
 
Me interrogo si mi emoción ante cada nuevo ocaso
será el mismo que tú sentías
después de tu hora del amor,
las cuatro de la tarde.
¡Tu hora predilecta!
 
Todos los relojes se detuvieron
a las cuatro de la tarde de
hace ya tantos años…
 
Hoy vi tu silla,
y casi creí verte sentado en ella
dejándote seducir por el olor
del negro café recién hecho.
 
Hoy vi tu silla,
y la alegría y la pena
se sentaron juntas a conversar
con tu alma
y con la mía.

Fue aquí, en esta vivienda de Tías, donde el poeta escribió una de sus obras cumbres, ‘Ensayo sobre la ceguera’ (1995), una espléndida novela que en esta época de pandemia no he dejado de rememorar. Aún al escribir esta crónica, me recorre la piel la misma emoción que me albergó aquel día cuando contemplé la mesa donde el autor del ‘Ensayo sobre la lucidez’ (2004) dio forma a una de sus obras para mí preferidas. Allí, en aquel despacho, en aquella mesa. No hay palabras para describir este sentimiento…

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Como tampoco las hay para describir el que me produjo visitar la fantástica biblioteca, un amplio espacio lleno de estanterías donde se compilan los libros que conforman la biblioteca privada de José Samarago y Pilar del Río. ¡Qué maravilla!

11saramagoFOTO 11Saramago publicó su primera novela ‘Tierra de pecado’, en 1947, cuando contaba con 25 años de edad. Tuvo poco éxito. La segunda en 1953, ‘Claraboya’, que por cierto, fue rechazada por muchas editoriales, las mismas que después se peleaban por publicarle. Finalmente, esta novela vio la luz en 2012, dos años después de su fallecimiento.

Después de ‘Claraboya’ dejó de publicar por más de veinte años. Decía que: «Sencillamente no tenía algo que decir y cuando no se tiene algo que decir lo mejor es callar». Yo creo que estuvo centrado en vivir y en recopilar todas esas vivencias e historias para luego plasmarlas una tras otra en forma de novelas y ensayos.

Las cenizas del novelista portugués fueron depositadas en 2011, en conmemoración del primer año de su fallecimiento, al pie de un olivo situado frente a la Casa dos Bicos de Lisboa.

Sabio, Saramago, un autor que alcanzó el éxito cuando rondaba los setenta años de edad. Un ejemplo de sapiencia, templanza y el buen hacer. Releyendo su vida y su obra certifico algo que ya sabía: me queda mucho que aprender de los sabios. Y el camino más directo es leyéndolos. Así que, les dejo. Voy a perderme en la ceguera para intentar encontrar algo de luz.

Más información sobre Casa dos Bicos en este enlace
Y sobre A casa Jose Saramago, en Tías pincha en este enlace

Fotos de Josefa Molina.


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