“La luz de la tarde que se proyecta en el cielo, que instantes antes era totalmente azul, vino a indicar que el Alisio daba vueltas por el lugar. La sombra que descansaba en la fachada señalaba que la tarde empezaba a desvanecerse suavemente. Sin embargo, aún la luz no se había marchado del todo: el color blanco de la fachada se había convertido en aliado fiel del último rayo de luz. Cada tarde ocurría; sin embargo, apenas levantamos la cabeza para mirar. Y si lo hiciéramos con más frecuencia, comprenderíamos mejor la espiritualidad del ser humano y su trascendencia.”





























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