“La farola encendida a media mañana de junio indica el comienzo de las fiestas. Además, quería percatarse de que estaba preparada para saludar a sus conciudadanos, sobre todo, a los que cada año se dejan caer por el lugar. Es lo que tienen las fiestas: que regresan los que por diversas razones han tenido que emigrar, bien cerca, bien lejos. Da igual la distancia: la separación se mide en tiempo. Por eso la farola se encuentra en pleno ejercicio de pruebas porque en las noches musicales desea estar a la altura. Y, ahí, en la esquina misma, donde el aire nos saluda al doblar la calle, parece el faro de La Isleta que cuida diariamente de los navegantes, a pesar de las tecnologías indecisas. Claro que el entorno es muy agradecido. Y está contenta la farola porque se siente plena y llena de vida.”





























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