Un reencuentro tras 75 años de vida, Pepe Dámaso y Nicolás Hernández (vídeo)

Santiago Hernández Viernes, 18 de Septiembre de 2020 Tiempo de lectura:


Parte de la niñez y adolescencia de Pepe Dámaso transcurrió en La Aldea de San Nicolás. Allí asistía a la escuela unitaria de “La Plaza” y allí comenzó a sentirse artista dibujando aquel paisaje que respiraba... Un paisaje hecho de riscos, cuevas y laderas, de barrancos, lomos y caideros, de fincas, molinos y palmeras.


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Nicolás Hernández, su antiguo compañero de pupitre, amigo de juegos y correrías infantiles, consigue, tras muchas peripecias, ponerse en contacto telefónico con Pepe, cuando está a punto de cumplirse 75 años, de aquel mes de septiembre de 1944, en que tuvo que abandonar la escuela y cambiar el lapicero por el sacho. Eran tiempos de penurias y hambre.

Durante aquella llamada, el momento en que ambos se reconocieron, estalló en una fiesta de alegría y emociones, que finalizó con el compromiso de un reencuentro.

Un reencuentro que tuvo lugar, el martes 18 del pasado mes de agosto, en la casa que Pepe tiene en el popular y singular barrio de La Isleta.

El encuentro fue un auténtico canto a la Amistad. Una amistad nacida en la infancia e interrumpida por los avatares de la vida y que los mismos avatares, 75 años después, vuelven a prender en la senectud de sus vidas.

Nicolás llevó consigo, como regalo a su amigo Pepe, la fotografía del curso 1943/1944, donde aparecen los 36 alumnos con el maestro D. José Molina, de la escuela unitaria de La Plaza.

El reencuentro giró en torno a esta fotografía, de la que, en un alarde de prodigiosa memoria compartida y lucidez, fueron desgranando uno a uno, los nombres de los compañeros de clase, salpicados de las anécdotas e historias que juntos vivieron, contadas con tal lujo de detalles, que nos daba la impresión, a los que las escuchábamos, que hacían referencia a situaciones recientemente vividas y que Pepe las narraba con su característica vehemente pasión, sencillez y sinceridad, enlazándolas con su visión sobre La Vida, La Naturaleza, Lo Humano, Lo Divino y El Arte.

Tampoco faltaron referencias al maestro D. José Molina, a Elvirita y José, los padres de Pepe, al cura D. Vicente, a Hortensita, la sobrina de éste, al modo de vida de la época y a la enorme lejanía que sentían viviendo en este entrañable pueblo de La Aldea, que por aquel entonces era “de San Nicolás de Tolentino”

No faltó el intercambio de regalos... Nicolás llevó para su amigo Pepe productos con los sabores de la tierra; bizcochos de moya, dulces de Guía Antoñita, mangas de Mogán y mangos de La Aldea... y Pepe entregó a Nicolás, una reproducción dedicada y firmada de su última obra, El Ángel de La Rama.

Para los que los acompañaron, fue un día muy especial por haber contribuido a que fuera posible este reencuentro y por ver y sentir la alegría de dos personas que comentan “ya no nos iremos sin habernos despedido”.

Se pudo sentir la magia que se siente cuando un sueño se vuelve realidad... Porque con cada sueño que se hace realidad, el Mundo se vuelve un lugar un poco mejor para vivir...

Los que vivieron este reencuentro, así lo sintieron.

Vídeo: Ángel Zurdo Martín


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