“Cuando las manos se entrelazaron, el azul del cielo dejó paso a nubes blancas del recién estrenado verano. Apenas un instante de sombras ligeras lograron esconder la realidad. Fue poco tiempo. El suficiente para comprender que nuestras vidas discurrirían por opuestos senderos, como en los tiempos de la Conquista. Eso fue lo que me faltó: el empuje de la ilusión y el ánimo para luchar. Pero uno quiere cuando el corazón no se implica. Y así no puede ser. Por eso lo nuestro fue imposible. No sé si hubo amor, pero resucitamos a nuestras vidas respectivas cuando, al acabar la escultura que habíamos hecho juntos, nos dimos cuenta de que la vida a veces se entrelaza y otras no. Es lo que ocurre siempre. Sin embargo, aquel día, en el lugar elegido, por fin supimos elegir nosotros. La palmera cercana nos había indicado el camino. Y entramos, cada uno por su lado, en él.”





























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