“Los dragones alados del Parque de San Juan son muy agradecidos: llevan años protegiendo el lugar y han conseguido su objetivo: nadie se percata de ellos. Y, así, desde ese anonimato autoimpuesto, todas las noches abandonan el lugar y recorren la ciudad dormida. Y la cubren de ideales inalcanzables con el fin de que sus habitantes, en el sueño de la negra noche, no pierdan la ilusión de la utopía ni la esperanza de la lucha. Luego regresan a sus atalayas individuales y se desvanecen en el día vertiginoso. Por las tardes corren al lado de los niños que juegan incansables en el parque. Y así llevan unos cuantos años. Su lucha es permanente y constante: nunca se desaniman; siempre tratan de permanecer al frente de las emociones y de los deseos de sus vecinos. Al caer la noche, volverán a recorrer las azoteas y tejados, arropando así las ensoñaciones de sus paisanos.”





























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