En el 2008 Don Simón Pérez Reyes y yo nos veíamos con frecuencia en la añeja hemeroteca del Museo Canario y me preguntaba por Arucas, por sus conocidos en Montaña Cardones antiguos compañeros de Magisterio, que por casualidad eran primos míos y sobre todo por su gran amigo y compañero del sacerdocio José María Cabrera, recordado párroco de Montaña Cardones. Fue en uno de esos encuentros donde le propuse hacerle una entrevista para un medio de comunicación de Arucas, y él, sobre la marcha, me dijo que sí. Fue para mí un momento mágico ya que, entre aquellas centenarias paredes, nos encontrábamos grabando la entrevista en un silencio ambiental que muy pocas veces podemos gozar en dicho lugar en plena tarea de investigación, ya que la Calle del Dr. Verneau es muy ensordecedora. La noche del caluroso jueves 27 de agosto de este terrible año 2020 fallecía y es que la muerte de un semejante nos empequeñece, decía Hemingway, y es cierto. Queda el vacío de su ausencia, de su calor, pero permanece su obra, y en nosotros, su recuerdo. Quiero agradecer su testimonio de vida, lo que nos enseñó, su amor y cariño, y fue también un buen pastor al servicio de nuestra Iglesia, pasó por el mundo haciendo el bien, como Jesucristo, haciendo vida la palabra de Dios. Agradecer su vida, su entrega, su testimonio, por lo que nos entregó a cada uno de nosotros.
¿Qué recuerdos guarda de su Arucas natal?
La infancia y juventud son las épocas más bonitas de un ser humano ¿no? pues entonces, muchos amigos, proyectos, ilusiones, realmente, multitud de cosas que sería muy difícil resumir pero todas muy gratificantes.
¿Qué es lo que más echa de menos?
Lo que más echo de menos, muchas veces, son las relaciones humanas. Siempre, en las poblaciones pequeñas la relaciones son mucho más humanas y son más gratificantes en las ciudades aunque también en los barrios donde he vivido, he logrado buenas relaciones, pero luego en otros sitios te sientes como parte de un colectivo, te sientes persona, muchas veces, o parte de una cosa.
Simón Pérez, no sólo nacido en Arucas, también Hijo Predilecto de la misma. ¿Qué sintió cuando le dieron la noticia?
La verdad que una alegría inesperada y agradabilísima. Siempre a uno le agrada que la gente se acuerde de uno como seres humanos, de afectos y emociones y tanto mi hermano como yo, que lo hemos comentado, pues nos dio una enorme satisfacción, nos sentimos muy gratificados.
Usted como profesor ha enseñado mucho ¿Qué le han enseñado los alumnos a usted?
Una cosa que creo que me han enseñado es a estar al día porque los seres humanos, cuando subimos de edad, tenemos la tendencia de repetirnos y repetir experiencia y cosas. Ellos, que están siempre en el último grito, te hacen recapacitar, pensar, que el mundo no se para, pero hay que seguir avanzando y son las siguientes preguntas que nos hacen a las cuales tengo que buscar respuesta.
¿Qué opinión tiene de la asignatura Educación para la Ciudadanía?
La verdad que todavía yo no me he hecho cargo del asunto. Ahora mismo me he pedido unos textos para estudiarlos con más detenimiento. Sabes que la Conferencia Episcopal ha mostrado una insatisfacción por una serie de cosas que son propias de los padres y las intenta asumir el Estado, pero quiero estudiarla y he pedido varias ediciones para tener una idea más clara del tema.
Durante años dirigió el Secretariado Diocesano de Catequesis. ¿Qué formación doctrinal y cultural debe poseer todo catequista?
Todo catequista debe tener varios puntos de apoyo; primero una formación bíblica y teológica decente, no se pretende que sea un gran científico pero sí lo básico, también un espíritu cristiano bastante acendrado en la catequesis, más que lo que uno puede decir de cosas, de ideas, valores. Es poco lo que uno transmite a través de la propia vida con la forma de ser, de actuar, de amar y luego estar en coordinación. No se puede actuar por libre porque si no seríamos franco tiradores.
En la obra “Historia del Seminario Conciliar de Canarias” hace un repaso de la vida de Pedro Marcelino Quintana ¿Qué falta por conocer de la herencia investigadora de don Pedro?
Yo creo que cada vez se va sabiendo más. Primero, yo le tengo un gran cariño porque le conocí desde niño y le tengo un gran aprecio. Fue un hombre de grandes inquietudes culturales, literarias, cristianas. Yo creo que hay algunas cosillas que se pueden avanzar como el conocimiento en el campo de la ciencia, que él era un gran aficionado al tema de la botánica, igual que yo; en este aspecto lo conozco menos. Creo que el aspecto literario e histórico está más conseguido. Quizás, también las relaciones, digamos, de ciertas épocas que las tengo poco trabajadas, fundamentalmente, de sus primeros años de sacerdocio y la marcha a Cuba que no las he conocido bien pero yo creo que merece un estudio más profundo del tema.
¿Con qué idea de Cristo lo forjaron a usted en el Seminario?
Bueno, el Cristo que me enseñaron en el Seminario sale del Evangelio. No hay otro Cristo, pero no hay duda que cada época tiene también unas ideas básicas, por ejemplo: yo estuve en la época del preconcilio y el Concilio. Eso fue unos tiempos de grandes cambios y muchas veces te encontrabas un profesorado de varias tendencias y esto a nosotros nos daba una cierta incertidumbre, pero luego, lo básico fue ya en la etapa final, el gran valor del Concilio Vaticano Segundo, que nos ayudó a luchar por un mundo mejor y por una sociedad que había que mejorarla. Yo pienso que eso era lo básico en aquella época.
¿Cuál es la palabra del Evangelio más significativa para usted?
Son muchas. Yo pienso que un valor básico del cristianismo es valorar al contrario. Muchas veces tenemos tendencia, un poco, a juzgar a los demás, que no piensan como uno, de ahí la tendencia humana, pero el mandato de Jesús de amar a los enemigos. Pues yo lo veo en esa línea, de ser capaz aunque no esté de acuerdo con aquella persona, pues no impide quererla porque además tiene muchos valores, porque todos los seres humanos tenemos valores y nadie tiene la posesión de todas las verdades.
¿Quiere añadir alguna cosa más o dirigirse a los aruquenses?
Yo pienso que los aruquenses son un pueblo que han sabido desarrollar valores y ya lo dice el escudo de la ciudad ORA ET LABORA. Creo que es una cosa muy real y que es una población que tiene que avanzar en ciertas cosas. Ya la agricultura está en decadencia. Entonces hay que buscar otras posibilidades, que siempre no son fáciles de encontrar, porque un pueblo que no avanza se queda estancado y empieza a retroceder.



























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