También ahora
Fueron muy beligerantes durante el «estado de alarma», denostando las medidas adoptadas pues, según se expresaron, les estaban hurtando competencias. No voy a negar, caería en la misma majadería, que algunas de las medidas adoptadas resultaron ineficaces. Otras, por mor del azar, fueron dejando sus bondades. En cualquier caso, resulta ocioso reiterarlo, la presencia de ese coronavirus ha ido evidenciando el desconocimiento que sobre el mismo existe. Este desconocimiento, como en cualquier situación similar, condujo decisiones ineficaces. No solo, habida cuenta la confluencia de los casos en múltiples espacios geográficos, también se dieron situaciones de carencias: equipo de protección individual, mascarillas, productos desinfectantes, etc. Sin olvidar, en el punto álgido de la pandemia, la carencia de espacios y personal en los establecimientos sanitarios, con el fin de atender con la debida diligencia a quienes padecían la infección. Tampoco, el efecto que tuvo sobre otras patologías —más o menos graves— que se desatendieron por mor de la dedicación a la COVID-19. Así las cosas, todas esas cuestiones nos han traído hasta el actual estado de cosas, una vez finalizado el estado de alarma aprobado por el Parlamento del Estado, en concreto por el Congreso de los Diputados.
La derecha y sus voceros, cuando la realidad les otorgó responsabilidades, saltaron como ranas de una pútrida charca. Reclamaban lo que antes denostaban. Es normal, no se trata de buscar soluciones, es más cualquier logro o avance les va a venir muy mal para su estrategia. Lo que les interesa, aunque con meticulosa hipocresía quieran hacernos pensar en otra cosa, es mantener el terreno enfangado. Eso permite, como podemos comprobar, que el líder de uno de los partidos que ahora representan a la derecha, salga a los medios realizando propuestas vacuas. Con la inclusión previa del término Plan, sea Cajal o B, va dando mandobles verbales a diestro y siniestro. El contenido del mismo, es otra cuestión. La insignificancia es la característica principal de todos ellos, sólo útiles para mantener encendida la llama de los medios. Basta con entrar en el detalle, que ni siquiera la letra pequeña, para comprobar su escasez. Es el fruto de quien ha llegado, como es el caso de quien lidera el PP, hasta esa posición con escaso currículo. El que posee, por la endeblez del mismo, sería digno de ocultarlo. Curioso y paradójico que quien, con tan poca dedicación al trabajo y al estudio, nos venga dando lecciones de rigor. Todo, claro está, es el resultado de los departamentos de mercadotecnia de los partidos. En la actualidad, con mayor empuje y presencia que los propios de estudio y profundización en soluciones para la sociedad a la que pretenden dirigir.
Cuando hago referencia a la derecha y a su voceros, me circunscribo al caso de las dos comunidades autónomas de mayor presencia en los medios de comunicación: la madrileña y a la catalana. En ambos casos, está presidida por personas que militan en la derecha nacionalista —sea cual sea el ámbito de tal concepción —, con políticas que conducen sin duda a tal conclusión. En ambos casos, durante el desarrollo del estado de alarma y el consiguiente confinamiento, sus voces se escucharon. Tanto la una como el otro, achacaban al poder central los efectos nocivos de la pandemia. Según sus sesudas declaraciones, de poseer la capacidad para actuar, las cosas habrían rodado de otro modo. En síntesis, los efectos perversos de la pandemia, lo fueron por la mala gestión de la autoridad única del estado de alarma. Sin considerar, como sucedió con las referidas personas, que constituyen la representación del Estado en sus respectivos territorios. Tales comunidades, con ocasión de los rebrotes (o segunda oleada según se vea el momento donde se incrementan los caos), han puesto en evidencia la escasa eficacia de sus medidas. Las cifras son lo suficientemente importantes, en estos momentos, como para afirmar tal hecho. Con todo ello, también ahora salen a los medios a reclamar al Estado. Quienes mostraron sus discrepancias —paradojas de la vida—, cuando era el Estado quien dirigía, reclaman de este la intervención. ¿Ustedes lo entienden?, yo no soy capaz. Salvo, pensando mal, que pretendan eludir sus responsabilidades. Seguro que no es así, mal pensado que es uno en ocasiones.





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.152