Necrológicas
Se sabe que leer las esquelas de los periódicos es práctica muy habitual. Quizás ello responda a la trascendencia del ser humano, que muchas veces tiende a olvidar por aquello de vivir enfrascado en el devenir cotidiano.
Al principio, las esquelas eran sólo esquelas. Luego se incorporó la foto del finado, como una muestra más del dolor de sus deudos. Las hay de eminentes personas que ocupan páginas y páginas, y otras, por el contrario, de nuestros desconocidos vecinos, así como de todos los tamaños con un mismo denominador común: cómo manifestar la ausencia y luchar contra el olvido.
Pero, hace ya algún tiempo, en un diario nacional, leí una que me dejó tocado. Y dice así:
“JAVIER
Felicidades
Hoy es tu cumpleaños, el tiempo pasa, pero siempre seguirás siendo nuestro niño.
Tu mamá; abuelos, tío, primas.
Te necesitamos cada día más, muchos besos.”
He querido obviar los nombres verdaderos; nombres que, al fin y al cabo, nos representan a todos.
En fin, estimados lectores, disculpen el tema de este artículo, pero nunca pensé que las esquelas también fueran cartas de amor.






























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