El gran día de los botarates
“Hoy será mi gran día”. Te miras al espejo, te sacas un par de selfis probándote camisas llamativas, llamas a tu novia de cuando tenías quince años y le dices que esté atenta a las noticias. Luego compartes la cita en el chat de los amigos del colegio y en el del club de hombres incomprendidos con talento, te lavas los dientes, a conciencia, y te restriegas ortigas y una cosa que te explicaron que era caca de caballo salvaje, porque alguien te dijo que se te quedarían todavía más blancos, sales a la calle sin mascarilla, pero miras siempre que no haya policías por la zona, a veces escupes para provocar, pero donde no haya ningún tipo violento que te pueda dar dos macanazos.
Hoy cumples cincuenta y cinco años, pero tu cita será otra. Escribes en alguno de los chats de los que piensan como tú y recibes muchos dedos para arriba, muchos aplausos y hasta esa chica, que tú sabes que no está bien de la cabeza, te escribe en privado que desea que quedes con ella después de la gran cita, porque ella, como todos los de ese chats, solo buscan la foto en portada mañana en el periódico, el vídeo viral en las redes, que les busquen, que la gente se detenga y amplíe esas fotos para buscarlos, que los vean las novias de los quince años, los vecinos de los terceros que nunca saludan y el guardia jurado que te mira siempre como si fueras a entrar a robar en el supermercado.
Te tomas un café y te pones a escribir pareados, porque tú siempre, aunque nunca se lo hayas dicho a nadie, has querido ser poeta, y esta tarde serás poeta, gritarás hasta desgañitarte esos cuatro ripios que ahora improvisas tomando café como un Baudelaire, serás poeta, serás famoso, y además les tocarás las narices a los empollones que creen que lo saben todo, y tú serás el que preguntarás más veces que dónde está el virus, que quieres verlo, y tu madre te pregunta desde su habitación qué es lo que está haciendo, y sí, saldrás en las noticias, te acostarás con esa chica que aplaudirá tu arrojo negacionista y aquella novia de los quince años te verá como siempre le dijiste que te acabaría viendo: popular, famoso, en boca de todo el mundo, sin mascarilla, porque con mascarilla dices que no hay libertad, que no hay aire y que no hay democracia. Tu madre morirá dentro de dos semanas. Tú todavía no lo sabes. Ella lleva sin salir a la calle y sin ver las noticias desde hace casi dos años. Tú le dices que es mejor para su salud mental. Le pones discos de coplas desde la mañana a la noche, y le dejas programada música cuando sales a la calle a organizar las quedadas con los otros adalides antivirus de la ciudad. Vives de su pensión y de sus rentas, nunca te ha faltado de nada y no has dado un palo al agua.
Uno quisiera saber cómo llega una mente humana a mutar en un tipo que terminará matando a su madre. Ahí estás, contento, feliz, mirando una y otra vez las veces que ven tu perfil en las redes sociales y el número de visitas de ese vídeo en el que aparecen todos desafiantes, sin mascarillas, negando la muerte de miles de personas, burlándose del trabajo del personal sanitario, desafiando las leyes y poniendo en juego nuestras vidas y nuestros trabajos, ese tipejo que hoy sale en las portadas eres tú, el botarate, el más tonto de la clase.





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.47