XVII Escritos a Padrón o cómo reinventar los museos
Estamos viviendo tiempos distópicos o, si se prefiere, nos estamos acercando peligrosamente a la distopía. Son tiempos de incertidumbres y de miedos porque no es posible planificar el futuro con cierto orden. Lo constatamos en todos los ámbitos, incluido el cultural. Recientemente el director de la Casa Museo Antonio Padrón, César Ubierna, manifestaba que ante las restricciones causadas por la COVID-19 la institución museística tiene que cambiar pues por de pronto tienen que convivir dos modelos con gestión diferenciada:
Ciertamente, los teatros y museos están sufriendo limitaciones en la acogida de público con todas las consecuencias que ello conlleva en lo económico: restricciones en la circulación de espectáculos, ausencia de actividades pedagógicas y el consiguiente peligro de muchos puestos de trabajo. Parece evidente que todas las instituciones culturales, y en particular los museos, tienen que reinventarse y redefinir los vínculos con la sociedad. Estamos ante un cambio de paradigma ya que todos los espacios culturales tendrán que reexaminar sus fuentes de ingresos. Así lo cree la directora del Museo de Arte de Queens de Nueva York, Sally Tallant, que opina que los grandes museos dependientes del turismo tendrán que cambiar su modelo de funcionamiento. Solo los museos pequeños estarán en una situación más ventajosa ya que son >. Pero todos tendrán que reflexionar sobre un modelo de museo integrador que sitúe a artistas, educadores y ciudadanos en el núcleo de sus actividades. De hecho ya lo vienen haciendo pero ahora, en tiempos de pandemia, toca llenar los museos de vida y abrirlos al mundo de la realidad global que ofrecen las Tecnologías de la Información y la Comunicación.
El Consejo Internacional de Museos (ICOM), organismo mundial asociado a la UNESCO, define los museos como
Acercarse a Gáldar, la antigua Agáldar, es toda una experiencia placentera pues no deja de ser un paseo por la identidad ya que el visitante toma conciencia de estar en un lugar distinto a los demás y de pertenecer a una colectividad que es única. Nos lo recuerdan sus calles y sus monumentos. Nos lo hace sentir la obra de Antonio Padrón, todo un símbolo de una cultura ancestral que nos sigue admirando por la belleza y el misterio, con la que es posible identificarse. Por sus cuadros asoman pescadores, alfareras, trilladores, turroneras, camelleros y los olores, colores y sabores de la tierra... También los ídolos de los antiguos canarios que reviven en las cabezas romboidales de las mujeres. Para el profesor Oswaldo Guerra estas pinturas están pobladas de seres que nos dicen desgarradamente de dónde venimos, quiénes fuimos y cómo éramos. Esos personajes no son seres para contemplar, estáticos;





























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