Todo cambia
El mundo cambia una barbaridad. La pandemia ha provocado nuevos usos y costumbres que ni siquiera imaginábamos hace solo unos meses.
Estos comportamientos novedosos dicen que han venido para quedarse: la mascarilla, la distancia, el lavado de manos, el mirar al otro de forma rara si tose o estornuda, el rey que huye, las miradas acusatorias, la desconfianza, los carnavales en mayo, la escalada y desescalada, las clases on-line, las vacaciones desordenadas, el turismo que no viene, el confinamiento y el desconfinamiento, el turista que no se atreve, colas en las calles, las fases, la nueva personalidad tras la mascarilla, las ratios en las aulas y los nuevos, presumiblemente, profesores, las clases por las tardes, los paseos no dados, ni saludos ni besos, dejar de ir a Las Canteras, el teletrabajo y sus interminables horas, la hierba que crece en las calles y en los bordes de las aceras, la seroprevalencia, los comercios que cierran, rastreadores, la gente que no sale, las noticias negativas que paralizan, la publicidad que no llega, los bulos conspiranoicos, los puestos de trabajo que desaparecen, el resentimiento, las mentiras constantes de los políticos, el estrés y la
angustia cotidiana, ayuntamientos paralizados, iniciativas cercenadas, parálisis total, los brotes y rebrotes, mascarillas tiradas en el suelo junto a las “kk” de los perros, conciertos que no se celebran, música silenciada, libros que no se presentan, charlas que no escuchamos, fiestas improvisadas, las falsas noticias, las redes sociales, políticos especialistas en cortinas de humo, ligeras lloviznas en agosto, museos a medio gas, medio mundo ya no visita al otro medio, contagios desmedidos, locales que se alquilan o venden, gasolina que no se gasta, estadios vacíos, silencios profundos, dineros públicos que se anuncian y no llegan, sanidad pública desatendida, mentes dispersas en intereses partidistas, nacionalismos trasnochados, manipulación de informes médicos, mociones de censura en argumentarios teledirigidos, simplezas y estupideces varias…
Y, pese a todo, hay algo que no cambia: la Semana Santa seguirá bailando y brincando en distintos meses, como siempre, debido al eterno poder de la Iglesia, que ni se cuestiona, ya se sabe, pero que marca la pauta en un Estado que dice ser laico… Ya ven: un desaire como otro cualquiera. No hay manera de que el curso escolar mantenga una estabilidad constante: tres meses y descanso, y así cada año académico. Seguro que mejorarían los resultados.
“Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”.
Pues eso: que casi todo cambia!!
No sé si me explico.





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.47