Vaya por delante una declaración de intenciones: creo firmemente que a los sanitarios se les respeta. Antes, ahora (que están luchando por nosotros en medio de esta guerra pandémica) y siempre. No obstante, me gustaría exponer aquí un hecho que sucedió el pasado viernes y que pusieron de manifiesto que, en ocasiones, parece que todo vale por una foto.
Eran aproximadamente las doce del medio día y mi madre tenía un dolor entre el pecho y el estómago. Fuimos a urgencias del centro de salud de Guía, el más cercano, ya que por la zona del origen del dolor teníamos miedo de que estuviera sufriendo un infarto. Al llegar allí vimos a un grupo de trabajadores en la puerta, alineados, sin mascarillas, haciéndose una foto.
Les indiqué “venimos por una urgencia” a lo que uno de ellos me contestó: “espérate”. Aquí hago un inciso, entiendo y sé de buena tinta, que el protocolo Covid que se lleva a cabo en los centros de salud requieren que los pacientes esperen fuera su turno, pero repito: el personal estaba haciéndose una foto. Unos minutos después y al ver que mi madre se encorbaba por la intensidad del dolor, elevé la voz: “es una urgencia real tiene un dolor entre el pecho y el estómago”. A lo que, el señor anterior, me indicó de nuevo “espérate” mientras todos miraban en el móvil de su compañero si la foto había salido bien o la repetían.
Gracias al cielo, salió bien y por fin nos dejaron pasar. Bueno, en honor a la verdad, he de contar que pasaron ellos antes, en fila india por delante del bote con el hidrogel, el cual ignoraron (recordemos que estaban en la calle) mi cerebro mandó una frase a mis cuerdas vocales y tuve que morderme la lenguna y, recordarme, que a los sanitarios se les respeta, para no decirla: “así, muy bien, dando ejemplo”.
Finalmente, pasaron a mi madre a la consulta del médico mientras me mandaron a mi a administración donde las administrativas se quejaban de que no las avisaron para las fotos. ¡Oh, Dios, de nuevo la dichosa foto! Le indiqué a una de ellas que mi madre estaba en consulta que por favor me tomara los datos y una vez lo hice, corrí dentro.
Ya en la consulta, por fin un par de sanitarios con la cordura necesaria atendían a mi asustada madre. Es de bien nacidos ser agradecidos y desde aquí debo enviar un gracias enorme al médico y a la enfermera por el trato, la amabilidad y su implicación.
Ellos, que sí estaban en su puesto de trabajo, hicieron que se me olvidara todo el incidente anterior, y al saber que, finalmente lo que tenía mi madre no era un infarto, valoré y decidí que mejor nos íbamos a casa y no poníamos una reclamación.
Tengo familiares y amigos sanitarios, trabajé algunos años en un centro médico y de todos ellos he aprendido a respetar a quienes cuidan nuestra salud, así como también he aprendido lo que es un buen profesional, implicado en su trabajo y con sus pacientes.
Desde luego, espero que el personal del centro de salud de Guía esté contento con su foto, pero creo que no todo vale por una instantánea.




























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