El Paseante (7): Arno

Juan FERRERA GIL Jueves, 06 de Agosto de 2020 Tiempo de lectura:

Arno 5

Como aquí en Canarias no tenemos ríos que llevarnos a la boca, cuando nos tropezamos con ellos en el deambular continental no solo los admiramos sino que estaríamos dispuestos a empaquetarlos en la maleta “y para casita”. Por eso el paseante queda atrapado en su destino fluvial: siempre supimos de los ríos cuando estudiábamos la asignatura de Geografía, en una España en blanco y negro, y nos los aprendimos mejor que nuestros barrancos, tan cercanos.

Si el Guiniguada fuera un río, la división natural de la capital se disfrutaría de otra manera, y no con esa carretera del Centro venida a menos.

Así que hoy nos toca el río Arno que hemos descubierto, es un decir, en Florencia en octubre de 2019, mucho antes de la pandemia, que no termina de irse. 

Desde el Puente Vecchio su contemplación es la misma que desde la Historia otras personas contemplaron y al llegar allí, entre tropezones con tanto fotógrafo aficionado, como el que esto escribe, peleábamos por el encuadre, el ajuste y el deseo de inmortalizar aquella visión tan distinta a nuestro paisaje canario. Si el Guiniguada fuera un río, la división natural de la capital se disfrutaría de otra manera, y no con esa carretera del Centro venida a menos. En Florencia esta separación natural tiene su aquel. En el recorrido pudimos disfrutar las dos oportunidades de una misma ciudad.

Al ver la ciudad reflejada en las limpias aguas del río, sentíamos que la mirada había cambiado.

Esta especie de frontera física la captamos en un día azul de otoño y aquí, en nuestro ordenador, se ha convertido en una imagen recurrente en el escritorio (es decir, la pantalla) porque invita a la serenidad y al detenimiento. Por eso, Infonorte se las ofrece desde su mirada universal y con el ánimo de que la disfruten sin apreciar los errores cometidos al hacer “¡click!”. Ya ven: este medio también contribuye a su estado emocional. De nada.

Arno 26a

Al ver la ciudad reflejada en las limpias aguas del río, sentíamos que la mirada había cambiado. El río, convertido en espejo, jugaba con el paseante y le obligaba a inmortalizar el momento; acaso único. Así que el río Arno a su paso por Florencia se convierte en un personaje más de su Historia, donde el PuenteVecchio también ha contribuido a plasmar su personalidad de siglos. No cabe duda de que las ciudades con ríos configuran un encanto especial; es como tener el mar al lado mismo, aunque se encuentre lejos.

Y el río Arno mostró sus mejores galas en aquellos días luminosos tan únicos.

Como única es Florencia.


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