Adiós a Las Nasas en el puerto de Las Nieves

Dori Antúnez Jiménez Domingo, 02 de Agosto de 2020 Tiempo de lectura:

las nasasLlegó el verano y con ello las vacaciones en Agaete. Pero este año van a ser bastante distintas, porque la primera noticia nada más llegar fue que habían cerrado Las Nasas.

De pronto se agolparon en mí todos los recuerdos de más de 30 años. Chanito, el de Las Nasas, en la puerta de la terraza oteando hacía las mesas cual esfinge, imagen que solo se alteraba cuando se echaba unos piscos y se transformaba en el alegre y cariñoso Chano que todos recordamos. Pepe Luís, el ovejero, cuando se escapaba del Dedo de Dios, a escondidas como los niños chicos, para echarse una cerveza en la barra e invitar a todos los amigos que pasaban por allí. Para él eso eran sus vacaciones y no las cambiaba ni por un hotel en el Sur ni por Fuerteventura. Y Matías, el pescador, siempre sentado en el mismo sitio de la barra. “Buenos días señora” contestaba al saludo cuando pasabas, siempre serio y callado. No puedo dejar de recordar también a Antoñito, el cocinero, el hijo de Telo, que cuando yo pasaba por la cocina y le preguntaba que qué comía siempre me contestaba: cómeme a mí. A ello hay que añadir los cumpleaños de Efren en la terraza, cada 17 de agosto, donde nos reuníamos con él todos los amigos para disfrutar de su compañía, de su humor socarrón, de su risa y de su bonhomía. Todos ellos han vuelto a morir otra vez con este cierre inesperado.

Y las fiestas improvisadas en la terraza. Cuando menos te lo esperabas alguien sacaba una guitarra, a la que se iban sumando otros instrumentos y se formaba una buena. En mi memoria esta impresa la imagen de Gabrielo Díaz Casanova, por fuera de la terraza, tocando rock como solo él sabe, mientras los demás disfrutábamos del espectáculo tomando unas copas. Y la fiesta de cumpleaños de un gran amigo, que Chanito organizó colocando las mesas pegadas al muro de la terraza, en los callaos, y con la marea llegándonos casi a los pies, porque todavía no se había construido el muelle.

Comer en esa terraza es de las mejores experiencias de las que he gozado en mi vida. Pedías la comida y bajabas a darte un baño. Cuando volvías ya tenías la cervecita servida y te la tomabas contemplando el pinar, Faneque y toda la cola de ese maravilloso dragón. Una de mis frases favoritas en esos momentos era repetir: a la mierda Nueva York, en el sentido de que no hace falta irse tan lejos para disfrutar de algo fantástico.

Con el cierre de Las Nasas desaparece una época importante para muchos de mi generación y da la sensación de que todos esos recuerdos se rompen en mil pedazos, aunque perduren en la memoria.

Agaete, a 2 de agosto de 2020

Teodora Antunes Jiménez


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