“La casa del camino, como la llamábamos entonces, estaba frente a una pequeña plaza que con el paso de los años ha ido creciendo y ha ganado belleza y prestancia.
Antes, la casa del camino solo era eso: una casa casi solitaria que regalaba a los caminantes un lugar a la sombra y un vaso de agua fresquita. Y el cruce de algunas palabras mostraba en el aire una encrucijada y un misterio. De allí partían para otros lugares los caminantes. Alguno de vez en cuando regresaba y daba las buenas nuevas. Pero de la mayoría no supimos nada más. Y tampoco teníamos por qué, la verdad. Algunos llevaban la mirada perdida en unos ojos tristes y otros, en cambio, sentían que se iban a comer el mundo en cuanto llegaran a la lejana capital. Hoy la casa del camino está cerrada. Dicen que la van a convertir en un museo etnográfico por lo que ella representó en una época donde el hambre era casi permanente. Y hoy me he enterado, en el bar de la esquina, que la nombrarán como La Casa del Camino.
Y yo me alegro de las mayúsculas. Y mucho.”






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.220