Ahora sí, ahora no

Zeneida Miranda Suárez Jueves, 23 de Julio de 2020 Tiempo de lectura:


Mientras charlaba hace poco con unas amigas, empecé a pensar que es así como surgen los artículos y fluyen mejor las ideas, en el día a día, una de ellas comentó que Hacienda (sí, esa que en teoría somos todos pero en la práctica unos pocos) le había clavado una importante cantidad de dinero y que no sabía si iba a poder matricularse este año de todas las asignaturas de la universidad donde estudia una segunda carrera.


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Las voces de nuestras amigas no tardaron en tratar de darle soluciones, algunas nos ofrecimos a ayudarla a pagarlo, otras le dieron la opción del pago fraccionado, otras que se buscara otro trabajo mejor remunerado del que tiene pero fue una en concreto la que más nos alarmó a todas: “A tu marido que te lo pague” “¿Cómo?” Le preguntamos. A lo que ella, sin inmutarse y dándole un gran sorbo a su batido nos respondió, con una lógica que las demás no veíamos “él tiene un puesto importante y gana mucho dinero, ¿no? Pues que te lo pague y ya está”.

Mucho tuvimos que respirar para no saltarle como fieras al cuello. Todos los días, millones de mujeres luchamos para defender nuestra independencia, sobre todo la económica. Palabras como “feministas”, “liberales”, “empoderadas” salen de nuestras bocas, inundan nuestras redes sociales, nos las ponemos en camisetas, en agendas, en todas partes para que quede claro que eso es lo que queremos: no depender de los hombres o, ¿acaso queremos depender ahora sí, y ahora no, en función de nuestros caprichos?

Siempre hablo desde la generalización, claro, habrá quienes piensen diferente y, por supuesto que, cuando se vive en pareja (ya sea casados o no) si se necesita para algo serio como puede ser un médico, por supuesto que sí, claro, las parejas están para apoyarse. Los gastos de la casa, vacaciones, siempre a medias. Pero ¿los caprichos? Cada uno que pague los suyos.

Es como cuando estás conociendo a alguien y surge una primera cita: ¿quién paga? Recuerdo una conversación con un ex compañero de trabajo, un hombre de bastante más edad que yo que me decía: “si vamos a cenar y te invito no es porque sea un machista, es porque soy un caballero”. Estuve de acuerdo, es una cuestión generacional. Pero no pude evitar contestar: “Sí, pero si la siguiente vez que vayamos me dejas invitar a mí, entonces me está demostrando que eres un caballero, si siempre quieres pagar tú, eres un machista”.

Entonces, mi reflexión es en realidad una pregunta: ¿estamos las mujeres siendo hipócritas al llevar por bandera el feminismo a todas horas pero, a la hora de pagar, ya si eso, que pague mi marido o novio?


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