Quizás se escuchó en la noche de este sábado, el sonido de un timple acompañando el canto alegre de los amigos y familias reunidos.
Será ese canto perdido en la oscuridad, el que invite al corazón al recordar, tantas noches de romerías vividas en el casco galdense.
Y es que si la tarde la romería de Santiago embellecía el casco galdense con las carretas engalanadas y los romeros y romeras luciendo la vestimenta típica, la noche romera expandía la alegría por todos los rincones del casco.
Se recordará como después de cumplir con el patrón Santiago, cada grupo de romeros buscaba su hueco en las calles, montando las mesas y encendiendo los braseros.
Muchos grupos volvían al mismo lugar cada año, por lo que la camaradería entre carreta y carreta, era obligatoria.
Se paseaba de rincón y rincón, y nunca faltaba la cordial invitación: ¿una chuleta?, ¿una cerveza?.
Se echó de menos el sonar de las guitarras y timples como una sola voz en la calle Drago, y las risas que acompañaban los bailes en la calle Tasarte.
No se escuchó este año el consabido ¿te sobra hielo o me prestas un vaso?, ni se compartieron confidencias en la noche festiva.
Este año, la noche de Romería estuvo dormida, esperando despertar con fuerza, el próximo año.




























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