¡Adiós, mundo cruel!, clama el que cae. No hay miedo en su voz, sino alivio, como si profiriera un grito de libertad.
El que sube mira a su compañero y siente envidia, aún sabiendo que le espera el mismo destino, al que tiene prisa por llegar.
Ambos están hechos de yeso y arcilla, y cada componente reivindica volver a su esencia primigenia, polvo, tierra.
Por eso decidieron trepar al pico de la afilada Montaña Bermeja para lanzarse al vacío y desintegrarse por completo.
Micky Mendoza es autor de las figuras y de la composición.




























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