Hambre, pobreza y renta mínima
Afirmaba Quevedo que el rico come y goza pero el pobre solo se alimenta. Luis Vélez de Guevara lo concretaba así: “Para el rico la hora perfecta de comer es cuando tiene ganas y para el pobre cuando tiene qué”. El hambre y la pobreza siempre han acompañado a la especie humana. Las artes y, en particular, la literatura de todos los tiempos y lugares no han sido ajenas a esta realidad. Miguel Hernández escribió un extenso poema sobre el hambre, la necesidad de comer y también sobre el hambre de justicia ya que suelen ir juntas estas dos aspiraciones: “Los años de abundancia, la saciedad, la hartura, / eran sólo de aquellos que se llamaban amos”. Sabía muy bien el poeta de lo que hablaba y no olvidaba lo vivido: “Tened presente el hambre: recordad su pasado/ turbio de capataces que pagaban en plomo”. Sentenciaba el poeta cabrero que “el hambre es el primero de los conocimientos pues “tener hambre es la cosa primera que se aprende” aunque en los pobres se instala de manera permanente.
Nuestro idioma tiene múltiples expresiones hechas con el hambre. Así, el hambre puede ser canina, de tres semanas o hambre estudiantina. Se puede ser un muerto de hambre y se puede morir de hambre. También se puede juntar el hambre con las ganas de comer y ser más listo que el hambre. No faltan los refranes que retratan el sufrimiento provocado por la gana y necesidad de comer: “No hay peor afán que mucha hambre y poco pan”, “grande martirio ha de ser, tener hambre y ver comer” o “al hambriento le sabe bien el peor alimento”. “Nadie puede ser sensato con el estómago vacío”, por tanto, “el hambre y la guerra, para verlos a cien leguas” como bien manifiesta Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó: “Nunca volveré a pasar hambre, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que mentir, robar, mendigar o matar.” Tomarse la justicia por mano propia puede ser la alternativa desesperada de los desheredados y marginados. La poeta Rosalía de Castro lo reflejaba en “A xusticia pola man” que expone la historia de una mujer a la que “aquellos que tienen fama de honrados” la han dejado sola con sus dos niños en la calle, “sin hogar, sin abrigo”. En esta situación sus hijos “¡murieron porque el hambre les arrancó la vida!”. Desesperada, reclama en vano justicia y entonces decide vengarse: “cogí la hoz acerada, de hoja cortante y fina”. Mientras “las fieras” duermen les arranca la vida esperando serena a que amanezca. “Y entonces… sólo entonces se cumplió la justicia…/ Yo, en ellos, y las leyes en mi mano homicida”.Este desgarrador y violento poema se explica porque el hambre es una fuerza tan poderosa que, como recordaba José Saramago, cuando ya no se tiene nada que perder, las personas se vuelven irracionales, dispuestas a todo con tal de sobrevivir.
El hambre es el resultado de una pobreza extrema que tiene consecuencias sociales y de seguridad. Por tanto, debe ser abordado políticamente tal como expuso el relator especial de las Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos, Philip Alston. En su informe oficial puede leerse que “España está prosperando económicamente, aunque la mitad de su población, no”. Y nos dejaba una imagen contundente: "He visitado barrios pobres con condiciones mucho peores que un campamento de refugiados”. El rostro de la España pobre se sitúa cerca de las últimas posiciones de la UE en demasiados indicadores sociales. En 2018, el 26,1% de la población en España y el 29,5% de los menores se encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social. Muchas personas trabajan en empleos mal pagados, a tiempo parcial o temporales y “ganan salarios lamentablemente inadecuados para cubrir las necesidades fundamentales”. Ya Cervantes advertía que “oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas”. España se sitúa así como el país de renta alta con mayor pobreza de la Unión Europea. Canarias, con un 29% de la población en situación de exclusión social, no es ajena a esta realidad.
Y en esto llegó el ingreso mínimo vital que la mayoría de países europeos mantienen como un instrumento contra la pobreza y para la inclusión social. El 81,3% de los españoles lo apoya según el barómetro del CIS. Atrás quedan las descalificaciones e insultos arrojados por las derechas, obispos, empresarios y gentes del bienvivir, sin olvidar a esos voceros furibundos arrojando todo tipo de improperios a Unidas Podemos y al Gobierno y es que "donde hay poca justicia es un peligro tener razón". Es un avance que a muchas familias les permitirá llenar las neveras porque el IMV es como nuestro dulce matahambre, saciante pero no definitivo. O como bien dice el Papa Francisco es un paso para “asegurar que un número cada vez mayor de personas puedan ser económicamente independientes” al tener asegurada unas condiciones básicas de vida.






























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