La agonía de vivir con una enfermedad crónica silenciosa

Zeneida Miranda Miércoles, 10 de Junio de 2020 Tiempo de lectura:


Todos los días se habla en las noticias de muchísimas enfermedades. Desgraciadamente hay muchas como el cáncer, la esclerosis y ahora, el coronavirus, que arrasan con la vida de millones de personas a diario.


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Pero existen también muchas enfermedades llamadas silenciosas de las que poco se sabe y poco se habla. Que no tienen cura y que, como decía un anuncio: “se sufren en silencio”. Los enfermos "porque sí" también son enfermos -aunque muchas veces no se les reconozca como tal- que las padecen y tienen que lidiar, no solo con la enfermedad, sino en ocasiones con la incomprensión de no poder explicar qué es lo que les pasa.

Son, en su mayoría, dolencias, cuyos síntomas no se ven y en muchas ocasiones los pacientes se ven ante un médico que debe creer que es cierto lo que exponen. Hablo de enfermedades como la migraña, la fibromialgia, neuralgias y cualquier tipo de dolencias que no se reflejan en una analítica o en un TAC.

Hablo con conocimiento de causa puesto que sufro de migraña desde que tengo diecisiete años. Las personas que padecemos, porque es un padecer, este tipo de enfermedades, tenemos que encontrar el equilibrio y aprender a vivir con nuestras “amigas” (como yo las llamo). Esas que un día vienen, se instalan en tu cuerpo (o en mi caso en mi cabeza) y no sabes cuándo se van a ir. Y así, arrastrando el dolor durante días, y después la “resaca” que dejan los medicamentos, aprendes a relacionarte, a trabajar, a tener amigos, pareja, familia.

A veces nos sentimos solos, sentimos que nadie nos entiende. El más mínimo comentario de “¿otra vez te duele la cabeza?" Nos sienta peor que el dolor de cabeza en sí. Un “¿cómo te puedes pasar tres días en cama por un simple dolor de cabeza?" Nos puede convertir en el asesino más despiadado.

Conciliar trabajo y vida con una de estas enfermedades invisibles es a veces complicado. Cuesta que un jefe entienda que estás enfermo cuando no puedes mostrarle físicamente una sintomatología. A veces tienes suerte y das con alguno que lo entiende y lo respeta, puede que incluso te sonría cuando le pides que, por favor, grite un poco más bajito, ya que te duele mucho la cabeza.

Mención a parte merecen también las enfermedades psicólogicas como la ansiedad o la depresión. Hoy en día, aquellos que sufren un episodio de ansiedad o llegan a tener depresión son casi tratados como si estuvieran locos. Resulta difícil de explicar que algo no está bien dentro de ti, que sientes un miedo y una angustia que en ocasiones no te deja vivir. Sonríes, llevas una vida normal tratando de ocultar que algo más grande que tú te oprime el pecho. "¿Cómo vas a tener depresión si nunca lloras?" Y todo se desborda. Nadie lo entiende. Es peor cuando la ansiedad se produce en tu ambiente laboral. "En todos los trabajos hay problemas". "Eres demasiado sensible". No, los enfermos no somos el problema, lo es un sistema en el que nos vemos obligados a aguantar lo que nos echen y no decir ni mú. "Y no te quejes, que al menos tienes trabajo".

Enfermedades silenciosas, se llaman. Enfermos solitarios que solo pedimos un poco de compresión y algún calmante de vez en cuando.


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