Rescoldos
Son los recuerdos que tienen los árboles, las piedras y las montañas de las llamas que lo arrasaron todo, hace ahora casi un año.
Bajo un cielo impasible se encanecieron las piedras del majano, asaltadas por un fuego vehemente que devoró el paisaje, transformó los árboles en espectros negros, esqueletos de carbón, y dejó peladas las montañas.
Aún desnudas, expresivas, persiste en sus entrañas el calor que evoca el pavoroso incendio, pero ya están sintiendo cómo empieza a brotar la hierba por sus valles y laderas, sobre todo en los repechos en los que hay cuevas habitadas.
Se vieron envueltos en un halo de incertidumbre los lugareños cuando, espantados por el ímpetu del fuego, tuvieron que abandonar sus casas. De negro se tiñeron los campos de las medianías.
Por fortuna, la tierra es agradecida y bastaron finas lluvias para que el paisaje volviera a adquirir la apariencia de un colorido tapiz.
Y a menudo, al amanecer, se conjugan tierra, mar y cielo para ofrecer a los campesinos un hermoso espectáculo en el que se abstrae la mirada.
Fotos Ignacio A. Roque Lugo




































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