Ridículos

Opinion

leonilo2020A raíz del anuncio de cierre de la planta de Nissan en Barcelona, las mentes preclaras han entrado a saco. Quizá nunca supieron de su existencia, de las bondades —o no—de esa presencia en España. En cualquier caso, en las actuales circunstancias, las naves zarparon a las truculentas aguas del mar de la política. Como llevar a cabo un análisis reflexivo, pensar en los motivos del futuro cierre, supondría un esfuerzo intelectual que ni quieren ni pueden abordar, optan por el chascarrillo. Simplón, porque no puede ser de otro modo, si la reflexión no hace acto de presencia. Porque el humor, cuando busca ser original, es fruto de la inteligencia. Otra cosa es el chascarrillo de barra de bar, al albur de los efluvios etílicos.

En esta ocasión, las mentes preclaras dispuestas a hacer una gracia de escaso humor, optaron por lo más socorrido. Jugar con los nombres del presidente y vicepresidente segundo, parece ser el resultado de un ímprobo esfuerzo intelectual. Digno, sin duda alguna, de poseedores de másteres diversos. Sobre todo, cuando no se hace necesaria la presencia o, por aquello de la multiculturalidad, se opta por una universidad foránea en territorio nacional. Que son ellos muy de defender España, una grande libre dijeron en su día. La gracia, no sé cuál es su origen, pasa por confundir el culo con las témporas. Hay que ser muy idiota, o muy sinvergüenza, para no ser consciente de cuál es el verdadero motivo del cierre de la factoría. Ya comenzaron a reducir la producción hace tiempo, lo del cierre no era sino la crónica de una muerte anunciada. Querer achacarlo al actual gobierno, es como si se le achacase el que llueva o no. Sin embargo, quienes se envalentona desde la simpleza, no aportan la solidez de la argumentación frente a este tipo de acontecimientos. Insisto, este tipo de cosas, cuando se desarrollan en la barra de un bar, son de recibo.

En esta situación, cuando acucia con fuerza la pandemia, da la sensación (quizá no solo) de que la oposición busca cualquier traspiés del gobierno, salido de las urnas (pues se ha olvidado), para ocupar la presidencia del gobierno de España. En estos momentos, barajando esa hipótesis, me queda una duda. Tal no es otra que la de saber cuál de ambos se auparía a la presidencia del gobierno. Me refiero, a que ambos hacen méritos por igual, pues se imitan en sus intervenciones parlamentarias. Quizá también en las poses fotográficas, con las que desean pasar a la eternidad. Sí, no me refiero a la historia, pues ellos son más de eso, de credos religiosos que premian con la vida eterna. Aunque, en este tipo de situaciones, a quienes se nos eterniza su majadería es al resto del personal. Me refiero a Pablo y a Santiago, Santiago y Pablo, tanto monta monta tanto.

En este escenario, donde la práctica de la ridiculez forma parte de la cotidianeidad, siempre hay alguien que aguarda su momento estelar para lograrlo. Me refiero al hecho de hacer el ridículo. En esta ocasión le tocó, a ese señor de origen incierto, que en representación del Parlamento de Canarias forma parte del Senado. Sin encomendarse a nadie, buscando notoriedad ante sus jefes —que por cierto no dudaron en descabalgarlo de la Secretaría Regional de su partido—, por si le devolvían al puesto anterior, saltó con esa voz que le caracteriza e ignorando de la presencia del micrófonos para expresarse. Se dirigía, durante su intervención, a la vicepresidenta Carmen Calvo, que por la expresión de su rostro, mostraba no dar crédito a la panoplia de insulseces. Como no se vio reconocido, con el mismo timbre de voz, remontó su discurso tachando de borrachos a quienes forman parte del gobierno, ocupando la presidencia y vicepresidencia segunda, respectivamente. Eso sí, más tarde se retractó de ello. Como diría el otro «la derechita cobarde»

Nada nuevo y mucho ridículo en tan corto espacio de tiempo, por ese espurio afán de confundirlo todo. Lograremos, en alguna ocasión, que la oposición haga gala del papel que le corresponde, pregunto acaso con afanes retóricos. Igual no, porque se encuentran cómodos haciendo el ridículo.


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