“Cuando me tropecé con él, seguía trabajando; no lo podía evitar.
Allí, alumbrándose con unas velas, que hablaban de calidez en la oscuridad, se podía concentrar y hasta sucedía que los personajes, y la peripecia toda, salían de las páginas en su camino de aventuras inimaginables y extraordinarias. Sin embargo, en el fondo, la llaneza. No solo en la expresión y en los modos, sino en las mismas actitudes de los variopintos personajes.
Llaneza.
Con ella consiguió ser reconocido y aún hoy, siglos después, su obra se sigue estudiando. Algo tendrá que la convierte en eterna. Y tengo para mí que Cervantes siempre huyó de la afectación.
Creo.”






























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