Para qué las cifras
Con la llegada del coronavirus a España, no en los inicios, se comenzaron a leer cifras. La tecnología digital permite virguerías. Así, podíamos ver una suerte de contador que nos informaba de la velocidad a la que iban cambiando las cifras: número de personas contagiadas, muertas, en las UCI, etc. He de admitirlo, en un principio me entusiasmó. Hasta que comenzó a dejarme mal cuerpo tanta desgracia. Dejé de mirar cifras, sin poder quitármelas de encima. A diario, cualquier medio te las va contando. Por fortuna, ahora parecen ir mejorando. Al menos en cuanto se refiere a fallecimientos y contagios, la parte más irritante de la pandemia.
Conforme ha ido evolucionando la enfermedad, y sus consecuencias, las cifras relacionadas con ella, adquieren otras significaciones, tonalidades si se quiere. No digo, ni mucho menos, que las cifras indicadoras del seguimiento de la pandemia carezcan de importancia. En absoluto, quienes ostentan la responsabilidad de llevar a cabo el seguimiento, requieren de las mismas. Sobre todo por conocer qué está sucediendo en cada momento, saber de su evolución. Máxime en estos momentos, cuando se habla de regresar a la normalidad, o nueva normalidad como les ha dado por llamarla. No voy a entrar en esa controversia, pero no las tengo todas conmigo con esta denominación. Tampoco con la denominación del procedimiento para alejarnos de la actual situación. Pero se trata de hablar de cifras.
Desde los comienzos de la pandemia, no sin razón en algunos casos, se originó una de las primeras controversias: la de los equipos de protección individual (EPI), por la escasez de estos. Fundamentalmente, como no puede ser de otro modo, para quienes están en contacto directo con las personas infectadas, por la facilidad que tiene el virus para el contagio. También en ello surgieron las cifras, con intereses espurios como sabemos. Tanto en lo relativo a las dinerarias, los pagos realizados para la adquisición de los mencionados EPI, como en cuánto material se adquiría, y si iba a ser suficiente para el logro de su objetivo.
En lo que a cifras se refiere, también hemos encontrado en el desarrollo de la pandemia, otra utilidad. En este caso, para contar el número de visitas no imprescindibles del líder de los populares. Ha hecho de todo, desde retratarse entre el ganado ovino, asistir a pases de revista, disfrazarse de reputado investigador (todo eso a pesar de ser partidarios del inventen ellos) no sé con qué fines, aunque se intuya. En su caso, las cifras no mantienen concordancia con la necesidad de su presencia en los diferentes saraos a los que ha ido asistiendo. Ora acompañado de la presidenta de la CAM ora de la mano de la que fuese Ministra de Sanidad, en uno de los gobiernos populares. Quizá por dar verosimilitud.
Las cifras también se vislumbran cuando se trata de las pruebas diagnósticas, sea cual sea su modalidad. Hemos entrado en una nueva polémica en cuanto a las mismas. Y no me refiero a las que presentaban escasa fiabilidad y dudosa homologación. En este caso, como quiera que se trate de cifras, viene relacionado con el número de pruebas adquiridas y posteriormente distribuidas. De modo equitativo, que no igualitario, se fueron distribuyendo entre las distintas CCAA. Con el paso del tiempo, nos hemos podido enterar del escaso número de pruebas diagnósticas realizadas atendiendo al número de las entregadas. Con lo cual, una vez más, ese permanente cacareo de algunos demuestra que solo es eso, que está a punto de poner un huevo.
Las cifras, como hemos podido ir desglosando a lo largo de esta reflexión, pueden dar par mucho y diverso contraste. Las más recientes, si bien está aún en fases iniciales, las del estudio de seroprevalencia. Las cifras arrojadas, si lo que se buscaba era un número población con inmunidad, han sido desalentadoras. En el mejor de los caso, las cifras más optimistas no superaron el cinco por ciento de inmunidad. En definitiva, a pesar de desconocerse la vigencia de la inmunidad, la que ahora mismo ahí no da para rasgarse las vestiduras, ni tirar voladores.
De cifras también se habló en el ámbito futbolístico, donde se dio una relación del número de jugadores que pasaban pruebas para detectar el coronavirus. Una vez más, las divinidades futbolísticas vuelven a ser excepcionales. Mientras no se les hace pruebas a determinadas personas, que por su presencia en puestos de riesgo las requieren, comprobamos cómo se trata de modo bien diferente a los jugadores de fútbol profesional. En resumidas cuentas, que las cifras, en el desarrollo de la pandemia han ido representando conceptos bien diferentes. Ahora, que se inicia el desconfinamiento, que son cruciales las cifras por si se produce un repunte de infección, habrá que estar atento por si las moscas las mismas se vuelven a distorsionar.






























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