Impresiones
Impresionado me quedo siempre con las fotografías de mi amigo Ignacio, mi gran colaborador, una especie de duende de los bosques, cuyas instantáneas me han inspirado para escribir un montón de cuentos y poemas. Le estaré eternamente agradecido por ello.
Cuando vi estas dos llamativas imágenes de las medianías de Gáldar, la primera del Llano de Lucena, la otra de Cueva Oscura, pensé enseguida en la pintura impresionista. Para asegurarme pregunté a mis amigos François Hamel y Antonio Juan Valencia, ambos doctos en la materia, y tanto uno como otro me dijeron que iba bien encaminado.
Me hablaron, entre otros, de Monet, Cézanne, Renoir y Sorolla, de la prevalencia de la luz, del instante en el que los pintores perciben lo que quieren reflejar en sus lienzos, y, de pronto, me vino un destello del pasado: como por ensalmo recordé una clase de Historia del Arte en la que el profesor decía que la fotografía había sido la fuente de la pintura impresionista no sólo a nivel iconográfico sino también como inspiración técnica.
-Los impresionistas –aclaró– adoptaron muchos recursos fotográficos como los encuadres y las composiciones.
Volví a mirar las fotos y, seguidamente, me metí en Internet para ver pinturas de los autores arriba mencionados. Fue grata la impresión que tuve al constatar que mi antiguo profesor estaba en lo cierto y, dejándome llevar, evoqué de nuevo el pasado, algo que me ocurre a menudo en estos dos últimos meses, puede que por mi edad o quizás porque el presente que vivimos está envuelto en un halo de incertidumbre, una nube un tanto amenazante, un nubarrón diría yo.
El caso es que me remonté otra vez a mi infancia. Ingenio, como creo haber dicho en alguna ocasión, era un vergel por aquellas fechas. Imágenes como las que ilustran este texto podían verse con frecuencia, especialmente en primavera.
-Parece una pintura –le oí decir varias veces a mi padre, al que solía acompañar a atender a los animales al Llano de la Cruz, que, bajo el sol, relucía como una alfombra de colores.
Aunque aparentaba ser bruto y arisco, mi padre era un hombre sensible y sentimental, especialmente con mi madre. Siempre cogía flores para ella. Y cuando, por algún motivo, ella estaba enfadada con él, entonces, aparte del ramo, le llevaba caramelos de coco, ensaimadas y novelas de amor, hasta que a mi madre le afloraba una sonrisa y le mostraba lo hermoso que había quedado el ramo de flores que él le había regalado.
-Muy bonito –decía mi padre –. Como una pintura.
Yo tengo la misma sensación al mirar estas preciosas fotos de las medianías de Gáldar. Parecen pinturas.
Fotos Ignacio A. Roque Lugo
































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