El confinamiento obligatorio para contener la pandemia de COVID-19 ha privado de transeúntes a las dunas de Maspalomas, en Gran Canaria, lo que ha tenido como consecuencia que estas dejen de tener huellas de pisadas y recupere así el aspecto de paisaje de ensueño que no se contemplaba desde hace 50 años. Desde que los humanos estamos confinados en casa, la naturaleza recupera lo que es suyo.

































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