La ira...¿es fácil pecar de ira en confinamiento? Al igual que de los otros pecados yo diría que sí.
Para muchos de nosotros este confinamiento significa estar encerrados en casa las veinticuatro horas del día. Y dependiendo de nuestra capacidad de entrega, de imaginación y otros muchos factores, también significa estar sin hacer nada. Por lo que nuestros niveles de estrés y ansiedad suben como la espuma o como ese queque que metemos en el horno tres veces por semana.
Nos cabreamos con nuestras madres, padres, hijos, hermanos, tíos, sobrinos y demás parentela. Hay casas que parecen una guerra civil. Confinamientos a puerta cerrada, cada uno auto aislado en su aislamiento, que así se hace más llevadero. Como cuando enchufas a un niño perretoso a Pepa Pig en el móvil, millones de adultos enganchados a series y películas en sus tablets para que la cuarentena no acabe en asesinatos, divorcios, fraticidios, y parricidios.
Estamos nerviosos, irascibles y cualquier mínimo roce o palabra nos hace explotar. Quizá solo sea un comentario sin ánimo de ofender de aquella persona con quien compartimos el confinamiento, sugiriéndonos emplear mejor nuestro tiempo. O tal vez sea un extraño sueño que nos hace estar al día siguiente enfadados sin motivo.
Nos enfadamos y lloramos por decisiones pasadas que nos lamentamos de haber tomado y hasta miramos y reprochamos a personas por no habernos retenido para no cometer algún error. “Solo es la cuarentena”, repite una voz en tu cabeza y sigues con tus cosas.
Dicen los expertos que la depresión y la ansiedad son “daños colaterales” de esta situación tan extraña y nueva que estamos viviendo. Yo digo que la ira también porque, sin querer, a veces, nos vemos gritándole incluso a la nevera por estar vacía.
Nos ponemos rojos, y no de pasión precisamente, cuando abrimos el armario de la cocina, presos de un ataque de ansiedad hambrienta, y no encontramos más que pan de sánwiches y mantequilla, para llevarnos a la boca. “¿Pero quién se ha comido mis gominolas”? - se escucha por toda la casa, y nadie contesta, porque posiblemente, hayas sido tú mismo en tu anterior ataque de gula quien arrasó con los ositos de goma sin ningún escrúpulo. Tal y como ahora, sin escrúpulos gritas a los habitantes de la casa y piensas que éste, está siendo el peor Gran Hermano de la historia.




























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