La realidad
El tiempo transcurre imperturbable. No se ve afectado su perpetuo movimiento por los acontecimientos. Son estos, los que a expensas de devenir de aquel, van mudando. Los hechos, dispuestos de modo dispar, se suceden y nos afectan de una u otra manera. En esta ocasión, como a nadie se le escapa, en forma de pandemia. Que alcanza, al menos en lo que a España respecta, tales dimensiones que nos llevan a un estado de alarma. Una situación que con el paso de los días, de nuevo el tiempo, va adoptando tintes escasamente agradables. Nos tiene, miren por dónde, recluidos en nuestras casas —quienes las tengan, claro— sometidos a la ansiedad de no saber hasta cuándo.
Es probable, esto tiene visos de continuidad, alcancemos un estado en el que no sepamos en qué fecha estamos. Porque a pesar de todo, como no se trata de un periodo vacacional —hay quienes así lo piensan—, nos podrá el desconcierto con el resultado citado. Las medidas adoptadas, para persuadirnos de nuestra permanencia en el estado de confinamiento, son bastante contundentes. El observar las calles vacías, que solo son transitadas por miembros de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado, incluidas las Fuerzas Armadas en su variante de UME, produce una suerte de desasosiego. Ese aspecto de escenario de película de terror, lo que ahora han venido a denominar distopías.
Pero el tiempo transcurre, como es natural, y lo que no se hizo en su momento, acaba siendo extemporáneo. Tal como pasó con el discurso de Felipe VI. En este caso no solo resultó extemporáneo sino innecesario. La extemporaneidad, motivada por lo que tardó en asomar su regia cabeza ante la población española. Como todo es relativo, podemos tomar la referencia de la anterior ocasión en la que, sin ser periodo navideño, se dirigió a España. En aquella ocasión, bastó que mediaran un par de días. En esta, quizá por estar ocupado en cuestiones de índole familiar, el tiempo se alargó algo más. Lo innecesario, porque ya bastantes obviedades se habían escuchado, como para que él viniese a incrementar el listado de las mismas. Vamos, que si no hubiese aparecido ante las cámaras, tampoco habría pasado nada.
La crisis sanitaria también ha puesto en evidencia lo necesario que es tener una sanidad pública poderosa. Una sanidad pública a la que no se le haya escatimado recursos, como se ha venido haciendo hasta ahora (de nuevo la variable temporal), pues en situaciones como las que suponen esta crisis sanitaria, cuando más necesaria se está mostrando, se sufren tales acciones. Que quienes aguatan el peso de la misma, como no ha quedado nunca duda, son las personas que prestan sus servicios profesionales, ha evitado un colapso asistencial por los efectos de esta pandemia. Lo más triste de esto, que quienes han contribuido a su deterioro recurran a ella cuando lo necesitan, a pesar de haber actuado en beneficio de la privada. Porque, qué es si no toda esa política de conciertos sanitarios.
Otro hecho, que también ha puesto en entredicho la situación por la que atravesaba, ha sido el de las Residencias de mayores. Las condiciones en las que venían desarrollando su actividad, hasta la fecha en que la pandemia se hizo fuerte, dan muestra de no haber sido las más adecuadas. Da grima, por no utilizar otro término, escuchar a los representantes de la patronal del sector. Me refiero cuando, a la hora de explicar los casos de fallecimiento por coronavirus habidos, desvían las responsabilidades hacia la administración. Dicen, no daba crédito al escucharlo, que no les entregan los equipos de protección individual que precisan quienes prestan sus servicios en tales residencias. En fin, una vez más se pone de manifiesto aquello de las ganancias se privatizan y las pérdidas se mancomunan. Nada nuevo, sin duda, en una época en la que todo el mundo anda refiriéndose a la innovación.
Esta es, a grandes rasgos, la realidad en la que andamos inmersos. Realidad que podría continuar pasando inadvertida, si no nos hubiese infectado este coronavirus, de características tan singulares. Seguramente, puede que no haya otra. Al menos eso nos quieren hacer creer cuando nos informan de la situación. Espero, parece que aparentemente las medidas que se adoptan van en esa línea, que esta crisis no deje los muertos —aparte de los ocasionados por la propia infección— que ya dejara la anterior, la económica de 2008.































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.138