“Aquel otoño de 2018 fue raro: transcurrió entre el frío y la humedad y la calima sahariana. O el cambio climático era una realidad cierta o el otoño vivía de manera bipolar, como los seres humanos.
Y cuando optamos por descansar y disfrutar del paisaje, la mesa de la imagen estaba vestida de esa manera. Así la vimos y así la captamos: no hay trampa ni cartón. Sucedía que el Otoño, cual personaje novelesco, nos ofrecía su realidad y su color. Y así se mostraba en aquel paraje callado en la temprana hora del día. Cuando empezaron a llegar los primeros visitantes, decidimos emprender la huida: el silencio del lugar comenzaba a desaparecer.
Y nosotros, en aquella mañana luminosa, buscábamos la quietud por encima de todo sin saber que la teníamos al lado: en aquella mesa de otoño.”






























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