“Nunca imaginé sentirme así: en una nube.
Es cierto que mi alta situación me permite una visión general de lo que me rodea; sin embargo, no puedo entrar en los detalles y captar los sentimientos de las personas que me miran. No nos engañemos: solo soy una palmera que en mi devenir recibo miradas lejanas: son más los turistas que se percatan de mi presencia que los lugareños. Pero no me quejo. Es muy difícil ser profeta en tu tierra. Siempre ha sido así. Y puedo dar fe de ello, más que nada porque ya llevo en el lugar un porrón de años. Pero no estoy triste. Este lugar en el que habito es, desde su imperfección, perfecto para mí. Y tengo la vanidad a buen recaudo.
Solo trato de vivir.”






























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