El otoño en el parque llegó acompañado de un tibio sol que imitaba al del verano, pero solo lo insinuaba.
A pesar de la luminosidad reinante, el frío se adivinaba en las hojas caídas y en las sombras frías. Todos buscaban el sol; las sombras quedaban relegadas en las miradas nuevas de los visitantes del parque, que, ahora, tras la remodelación, lucía un mejorado aspecto. Ya solo faltaba que la buena educación se adueñara del lugar y lo hiciera visible siempre. Con el paso del tiempo, el parque vino a disfrutar de una nueva oportunidad. Y sus amigos, de todas las edades, también; aunque ni siquiera fueran conscientes. A la vez, los jardineros saludaban con amabilidad e iban repartiendo la generosidad en todo el espacio.
Sin embargo, tengo para mí que las hojas caídas en la escalera de vieja piedra no solo lo embellecen, sino que, además, lo convierten en una página más de la novela aún no escrita.
Otoño y parque: sinfonía perfecta.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27