Las nueve de la noche, era la hora de su cuento, sentada sobre su cama yo relataba los hechos con voz suave, sus ojitos se iban cerrando despacio hasta entrar en el sueño, no sin antes hacer toda clase de gestos. Su preferido era el de Dumbo, aquel elefantito producía en ella estados emocionales diversos, por ejemplo, movía la cabeza a un lado y a otro cuando algo le disgustaba y una sonrisa aparecía en su boca si Dumbo era feliz, a veces clavaba en mí su mirada muy quieta como si aquella ficción y yo fuera lo único a su alrededor.
Traté de cambiar la historia de Dumbo por otras, pero ella se inquietaba si veía en mis manos otro libro con imágenes diferentes.
Una noche después de arroparla y desearla felices sueños, al ir a apagar el interruptor de la luz, con una voz muy segura y sin balbuceos me dijo “este es el cuento que yo leía a mi hija cada noche”.
Y se durmió perdida en el olvido una vez más.





























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