Titubeos y otras majaderías

Opinion

leonilojulio2017De nuevo asoma a la actualidad el asunto venezolano. No es que haya perdido vigencia, simplemente que lo mantenían hibernado hasta encontrar la ocasión propicia. Y apareció a la que pintan calva. El motivo, supongo, no será solo uno, sino vario (iba a escribir trino, aunque mejor dejarlo en la inconcreción del vario). Dicen que en la variedad está el gusto. En el caso que nos ocupa, el gusto por la permanente majadería, como instrumento para desviar las miradas (supongo que también el oído) de las necedades a las que nos someten. O nos dejamos someter, que esa es otra.

El pueblo venezolano, desde que tengo conocimiento, ha ido sufriendo altibajos sucesivos. De algunos ha logrado salir, de otros no y, como consecuencia de ello, ha ido agravando su situación. Quizá, aquello que se entendió en su momento como solución, haya devenido en problema. Uno de esos que, con el paso del tiempo y el apoyo de las personas —de uno y otro lado—, haya ido entrando en una situación de irreversibilidad. Hasta tal punto, que un país donde en apariencia sus recursos naturales les permitirían vivir con holgura, se encuentra en las puertas de la bancarrota, o al menos eso nos quieren mostrar. Sea una u otra cuestión, queda de manifiesto que no pasa por la mejor de las situaciones.

Lo expuesto sobre la situación de Venezuela, como a nadie con tres dedos de frente se le esconde, es un continuo en el tiempo. No obstante, la dedicación exógena no responde a tal hecho. En este momento, cuando habíamos pensado en que tal situación había pasado al olvido, acaso por haber encontrado otros entretenimientos, vuelve a surgir el asunto venezolano. Es cierto que todas las partes han contribuido. Por un lado el viaje del presunto presidente encargado, al que se le permite viajar fuera del país sin cortapisa alguna; de otro, la turné de la vicepresidenta, en su caso sancionada, en colaboración con el ministro de nueva denominación.

Si nos referimos a la visita de la vicepresidenta, no es tanto el problema de su presencia en territorio de la Unión Europea —que no dudo lo genere en determinados ámbitos—, sino la respuesta de quien fue pillado infraganti. Aunque en este caso, más que la respuesta es el conjunto de las mismas. Tantas, como ocasiones tuvo de hablar del asunto. La evolución del mismo es de traca. Sobre todo, porque a pesar de su larga y dilatada experiencia en el ámbito de la política, si de sus declaraciones nos fiamos, comete torpezas de recién llegado. Los titubeos con los que abordó este asunto, no nos permiten pensar otra cosa. La enésima de las explicaciones ha dejado opacada a las anteriores, en lo que al canto a la majadería se refiere. No demuestra, por mucho que se empeñe el señor Ábalos, facilidad para la palabra. Le salva, los tonos graves naturales de los que goza. De lo contrario, y aquí ha dado muestras palmarias de ello, se va introduciendo en jardines o, quizá siendo más gráfico, en arenas movedizas de las que difícilmente puede salir una vez en ellas.

También, para mayor abundamiento, se sumó la llegada del presidente encargado, por obra y gracia de quienes quisieron reconocer esta ignota figura. El buen señor, que viene a contarnos las bondades del proyecto del que nadie conoce cosa alguna, esperaba las glorias en todos y cada uno de los países por los que giró. Y, miren por dónde, hubo división de opiniones. Aquí, en la España de las banderas, poco tardó la oposición en enarbolar la de defensa de la lucha por la salvación de Venezuela, adobada por la petición de dimisiones y comparecencias del recién investido presidente —se lo trajeron los reyes, recordemos—, por aquello de hacerse escuchar y poner en evidencia cómo ellos sí y el presidente no, se ocupan del pueblo venezolano. De debilidad tacharon su actuación, tal fue así que hizo acto de presencia ese señor al que, según sus palabras, Dios le reserva para mejores acciones. Y dijo «en política internacional la debilidad apesta». Dicho lo cual, quedó henchido de orgullo, vamos como un pavo real. No nos aclaró a qué se refería con lo de la debilidad, porque a mí me vino a la cabeza el seguidismo que protagonizó cuando la invasión norteamericana en Iraq.

De todos modos, qué quieren, siempre me quedará la duda sobre si realmente están preocupados —interesados por la situación— del pueblo venezolano. Porque, de verdad piensan que utilizando Venezuela como ariete en la política española, la situación de quienes allí viven, o malviven, mejorará. Me temo, quizá esté equivocado, que sean meras majaderías que se acrecientan con los titubeos ministeriales.


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