El río de la vida
Viajar es abrirse al mundo; vivir experiencias distintas a las cotidianas; descubrir olores y sabores nuevos, característicos de los lugares visitados, cuyos paisajes nos renuevan la mirada; conocer otras gentes y culturas que enriquecen la nuestra.
Nos hacemos más contemplativos cuando viajamos; tal vez sentimos el presente con mayor intensidad y, por ello, lo vivimos más placenteramente, más relajados, expectantes, atentos a las novedades que se nos presenten, disfrutando de la diversidad que se nos ofrece y aceptando el peculiar reto que supone aventurarse en otras latitudes, sobre todo si viajamos solos, pues, en este caso, es uno quien decide qué hacer y el único responsable de los resultados.
Que se lo pregunten si no a mi amigo Doramas, que es una de las personas más viajeras que conozco. No vuela de milagro. Él me envió la foto que encabeza este texto cuando estaba de visita en Benarés (antiguamente llamada Varanasi).
Según mi viajante amigo, “Varanasi es la auténtica India. Una ciudad de contrastes, de extrema pobreza, ruidosa, caótica, sucia y alegre.
La vida transcurre junto al río Ganges. La gente viene a purificarse cada mañana, se reúnen y charlan, lavan y tienden la ropa, incineran a los muertos, pasean a los turistas en barca, realizan ceremonias, secan los excrementos de vacas y búfalos para hacer fuego, vierten la cloaca...
Varanasi es un lugar de peregrinación para los hindúes que no sólo vienen a purificarse en el río, sino también a morir. Sucumbir entre las aguas del río les permite liberarse de la reencarnación y poder alcanzar el Nirvana. Aquí la muerte pierde su dramatismo y se convierte en algo natural, cotidiano”.
También me contó que, “de pronto, todo cambia cuando entras en las estrechas y laberínticas calles de la ciudad. De mirar a lo lejos y ver cómo se aleja el Ganges, te encuentras sumergido sin más en un río continuo de gente, motos, perros y vacas, y el olor intenso que impregna el aire, sobre todo el olor a humo. Muchas veces no puedes ver mas allá de dos metros, nadie da paso y tienes que moverte a empujones mientras te intentan vender algo. Siempre acabas perdiéndote o llegando a un callejón sin salida”.
Me encantó el relato que mi amigo hizo del viaje. Y las fotos preciosas que me mandó. Durante un rato, dejándome llevar tanto por las imágenes como por las descripciones, me imaginé, y me vi, viajando por la India.






























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