Innecesarios debates

Opinion

leonilojulio2017Comienza el año, ya casi ha trascurrido la mayor parte del mes, con un debate artificioso. Artificioso por lo innecesario. Cierto es que la «iniciativa» es anterior a las elecciones generales, que ya se inició la polémica en el inicio de curso. No obstante, con motivo de la aprobación de los presupuestos de la Región Murciana, se ha reactivado. No como va por ahí enredando, el de momento líder de la oposición, que atribuye la mancha de aceite al Gobierno del Estado. Una vez más está errado en sus planteamientos, pues desde la administración del Estado, se han limitado a recordar —quién lo iba a decir, a un constitucionalista de boquilla— qué establece la norma. Les aclara, por si lo ignoraban, que tales decisiones son contrarias al espíritu de la Constitución. A esta y a las normas que emanan de ella y la desarrollan.

Cuando lo que mueve el discurso político, con todos los asuntos pendientes, es el interés por establecer polémicas sustentadas en falsedades, se pone en evidencia cuáles son los intereses de quienes así actúan. Cuando todo se mezcla, cuando todo se confunde, cuando las aseveraciones son infundadas, se recrudece el sentimiento que propicia la vergüenza ajena. Porque eso es lo que propicia ese falaz discurso, cargado de veneno. En cualquier caso, cabe preguntarse si tanto interés posee para estas personas —por no colocarme en el mismo nivel— la enseñanza pública. Porque, no nos engañemos, todo este alboroto tiene un destinatario. Este no es otro que el sistema público de enseñanza: la Escuela Pública, tal y como la conocemos. No es que estén interesados en las familias, no es que les preocupe qué se les enseña a quienes allí están. En absoluto, solo les mueve un interés: acabar con el prestigio de la Escuela Pública, y de paso con quienes prestan sus servicios profesionales en la misma.

La Escuela Pública, no debe pasar inadvertido, si una razón de ser tiene, no es otra que la de llevar la enseñanza hasta los puntos más recónditos del estamento social. Tiene un objetivo igualitario, al intentar evitar los nefastos efectos del sistema económico que nos asedia. Atendiendo a la doctrina de quien fuese el instigador del milagro económico español, hoy en conflictos judiciales, amortiguar la acción del mercado, amigo. Ahí radica, para estos neoliberales de cartón piedra, sin lugar a dudas el problema. Buscan evitar los efectos beneficiosos del sistema público. Porque, o se es un ignorante o un sinvergüenza, para hablar de adoctrinamiento en los colegios e institutos públicos. Entre otras cosas, porque contra lo que se está no es la religión, ni la formación del espíritu nacional, que sí adoctrinaban. La diana de sus estupideces se localiza en las actividades complementarias. Que por cierto, forma parte de las actividades evaluables y que deben ser aprobadas por el Consejo Escolar de los centros, entre cuyos miembros está la representación de las familias y el alumnado.

Sería comprensible —por no entrar en pánico— que la ultraderecha ponga en marcha esta polémica sin fundamento alguno. Es su razón de ser, pues nada viene a aportar a la política que no sea eso. No obstante, la dificultad comienza cuando comprobamos cómo la derecha se hace eco de la polémica y, por si tuviésemos poco, adopta un discurso mucho más drástico que el propio de sus inductores. Porque el cúmulo de declaraciones del líder del PP, propias de quien posee un máster en Aravaca, superan las disparatadas de los portavoces de Vox. Se entendió, erróneamente no hay duda, que el PP y su líder se había percatado de la pérdida de votos propiciada por la acción de echarse al monte. Así aconteció en la última campaña electoral. Quizá, a sentir en el cogote el aliento de Abascal, se puso nervioso. Perdió la compostura y entró de nuevo en barrena. De no ser así, no se entiende el cúmulo de barbaridades que ha proferido en este asunto.

Si alguien albergaba alguna duda, con esta nueva incursión en el ámbito de la polémica, la habrá disipado totalmente. Las personas que conforman este partido, que por cierto han tenido la osadía de atribuirse la voz, no han venido a traer avance alguno a la política. Al contrario, solo buscan retroceder en el tiempo introduciendo debates inanes, que nada aportan. Debates innecesarios que nos conducen a tiempos pretéritos. El problema, que hay quien les ve el mensaje y aumenta la apuesta.


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