“Entre plataneras, la Casa del Descanso aún permanece en pie. De ella solo quedan unas desvencijadas paredes que hablan de un tiempo lejano. Cuando los muertos de Bañaderos subían a Arucas, la Casa del Descanso era un oasis donde el dolor se compartía. Era el penúltimo paso hasta llegar al Campo Santo. ¡Qué lejos resultaba todo entonces! ¡Y qué lentitud la que vivimos, comparada con la de hoy! Sin embargo, el saludo, la mirada, la charla, las palabras tristes: todo resultaba más auténtico. Entonces ni nos dábamos cuenta. La vida era como era. Como es hoy: tan distinta y tan vertiginosa. Y tan falta de lectura. Aunque el libro sea una vieja casa en la que solo quedan cuatro paredes. La lluvia, el viento, el frío y el calor la van minando cada año. Dentro de poco desaparecerá y nadie sabrá que existió. ¡Y cuán importante fue en su tiempo!”





























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