Las palabras importan. La forma que tenemos de denominar un fenómeno altera la percepción que el público general tiene del mismo. Es por ello que se busca ahora una forma distinta de referirse al cambio climático. Mediante la denominación de la situación como ‘crisis’ o ‘emergencia’ se pretende poner énfasis en el carácter extremo del fenómeno y en el poco margen de reacción que aún podamos tener. Los datos muestran que solo tenemos 11 años para evitar que la situación sea irreversible, lo que indica que es necesario tomar medidas de forma urgente para mitigar los efectos que el cambio climático tenga en nuestro planeta ya no solo a largo plazo, sino también en un plazo inmediato. Cuando hablamos de emergencia climática la idea implica la adopción de medidas para reducir las emisiones de carbono a cero en un plazo determinado y ejercer presión política en nuestros gobiernos para que tomen conciencia sobre la situación de la crisis ambiental existente.
Esta presión política solo podrá ser ejercida por una ciudadanía activa y comprometida y este compromiso hay que hacerlo nacer desde la familia y la escuela. Herederos de este planeta y de esta forma de ver los recursos, ponemos a nuestros alumnos a pensar , a informarse acerca de esta preocupante situación para que surja como creencia interna, como parte de una estructura moral consistente, el respeto por el planeta en el que vivimos y no desde una perspectiva pragmático-capitalista, sino desde una mirada humana agradecida, desde una conciencia de pertenencia y de pequeñez que nuestro antropocentrismo no nos deja percibir. Así pues nosotros, y como diría Eduardo Galeano, los humanitos, los únicos que devoran su casa, los únicos que envenenan el agua que les da de beber y la tierra que les da de comer; esos, nosotros, somos también los únicos que convierten la basura en hermosura (… ) y crean palabras para que no sean mudas la realidad y su memoria.
Hablemos pues, señalemos, gritemos en nombre de una naturaleza que se queja y a la que hemos dejado desamparada; luchemos para que el absurdo previsible no se convierta en una implacable e inevitable realidad. Todos somos responsables porque somos humanos.




























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