Este martes falleció Federico Arencibia Bravo de Laguna, “ El boticario de Agaete”. Don Federico, como era conocido, llegó a Agaete el uno de septiembre de 1958, y en la villa marinera se quedó para hacer su vida familiar y profesional.
Federico siempre se mostró orgulloso de haber elegido Agaete para vivir, y era un vecino más, entregado con devoción y pasión al pueblo y a sus gentes.
La antigua botica de la calle Canario en la que comenzó su vida profesional, era el epicentro de la vida en el pueblo, por lo que para estar informado de todo lo que pasaba, lo mejor era ir a comprar algo a la botica. Allí hacía fórmulas magistrales, la prueba de la rana para detectar los embarazos, y cuando llegó la luz, pudo comprar una estufa de cultivo, con la que hasta los análisis se hacían en la antigua farmacia.
Federico Arencibia era sobre todo un hombre entrañable, que hizo de su profesión un culto a la vida, siempre pendiente de la salud de sus vecinos, haciendo seguimiento de los tratamientos, compartiendo el dolor y la alegría de la vida diaria, en ese pueblo que con el corazón eligió como el suyo.
Queda para el recuerdo las tertulias mañaneras en torno al café, con Monzón y con Pipo, amigos a los que tuvo el dolor de despedir hace apenas unos meses.
Queda imborrable su imagen tras el mostrador de la farmacia en la calle principal, siempre atento, siempre dispuesto a brindar su ayuda.
Desde aquí queremos trasladar nuestro sentido pésame a su esposa María Esther y a sus hijas María Esther y Carolina, a sus yernos Alfredo y Tito y a sus nietos.
Su capilla ardiente ha quedado instalada en el Tanatorio San Miguel.




























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