Cesar, nigérrimo, bonísimo, maratón, juuuu...
Me envía un exalumno a través del correo electrónico su observación lingüística sobre un titular leído a mediados de septiembre en varios periódicos. Dice así: “Cesan al director de Emergencias de Murcia por ir al teatro en plena gota fría”. Y es que el hombre, muy intelectualizado, se había ido al teatro a ver la representación… justo cuando la gota fría irrumpía con violencia, inundaba la comunidad y forzaba a la evacuación de miles de personas (“la peor gota fría de la historia”, concluyeron los meteorólogos: se había decretado la alerta roja).
Pero como el personaje es conocido y los asistentes son visibles desde cualquier lugar del teatro, alguien lo comunicó a la canalla de la Prensa y estalló el escándalo: fue fulminado por la consejera. El hombre reclamó justicia: “En todo momento estuve pendiente del teléfono”. (¿Imagina usted, estimado lector, al correspondiente dando órdenes desde el patio de butacas en plena representación?Mi exalumno del Pérez Galdós me recordó que años atrás habíamos hablado en clase (“Para un correcto uso de nuestra lengua”) sobre la diferenciación entre cesar y destituir Uno más de esa inmensa mediocridad con mando en plaza.)
Mi exalumno del Pérez Galdós me recordó que años atrás habíamos hablado en clase (“Para un correcto uso de nuestra lengua”) sobre la diferenciación entre cesar y destituir: la primera acción, señalé, es personal e intransferible (yo ceso en un cargo, pero nadie me puede cesar: solo destituirme). Por tanto, lo correcto sería “Destituyen al director de Emergencias”, pues él no había presentado su dimisión.La explicación es bien sencilla y rigurosa por parte de la Academia: los hablantes son los propietarios de la lengua.
Sin embargo, tras la vigesimotercera edición del Diccionario académico (2014) hoy son consideradas válidas construcciones como “El alcalde cesó a una mujer por ser madre soltera” (caben también destituyó, despidió, depuso) y “Mi amigo cesó como director general por torpezas del consejero”. ¿Por qué?
La explicación es bien sencilla y rigurosa por parte de la Academia: los hablantes son los propietarios de la lengua. Y cuando una comunidad numerosa de usuarios (hay quienes especifican “cultos”, lo cual es muy discutible) amplía significados, estos pueden llegar a imponerse. (Especialistas hay, no obstante, anclados en marcar preferencias: no censuran, por ejemplo, “el uso de cesar con el significado de ‘hacer que alguien cese’, pero sí indican que el verbo preferible y apropiado es destituir”. Fundéu, abril 2016.) Por tanto, el titular es correcto.
Se da algo parecido con otras formas. Así, la voz culta nigérrimo, superlativo de negro. La vieja escuela la impuso (rigurosamente etimológica) frente al popular negrísimo, reservado durante tiempo para estratos sociales no instruidos. Sin embargo, hoy casi resulta ridículo el término nigérrimo no por irregular o barroco: sucede que todas las clases sociales aceptaron de buen grado su desplazamiento y sustitución.
Más: nuestras voces buenísimo - buenísima de hoy son los superlativos del adjetivo latino masculino - femenino bonus -a. Pero inicialmente los estamentos conservadores se mantuvieron con bonísimo, bonísima, acaso como diferenciadores sociales frente a la gran masa.
Es también el caso de el maratón / la maratón. Para el profesor Seco (Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, 1987) dominó con frecuencia la forma femenina, pues se sobreentendía como “la prueba”. Pero “este nombre es preferible emplearlo como masculino”, el maratón, tal como empezó a circular en el primer tercio del siglo XX. La norma dictada no surtió efecto: la mayoría de los hablantes rechazó la recomendación y continuó usando “incorrectamente” el femenino. Hoy, pues, ambas construcciones -el maratón, la maratón- son válidas y están reconocidas por la Academia.
Ocurre además con los sustantivos radioactividad / radiactividad y sus correspondientes adjetivos radioactivo / radiactivo. ¿Son válidas las formas de las dos parejas o debe usarse solo una? Ocurre además con los sustantivos radioactividad / radiactividad y sus correspondientes adjetivos radioactivo / radiactivo.Estamos en lo mismo: el Diccionario… (su primera edición arranca de 1961) recomienda como formas correctas las voces radiactivo, radiactividad (“No debe emplearse la forma radioactivo. La misma observación vale para la forma radioactividad”).
Hoy, con muchísima frecuencia se leen y oyen las voces “condenadas” por el sabio profesor… casi sesenta años atrás. Por tanto, ¿podría considerarse correcto su uso? Volvemos al comienzo: si la gran mayoría de los hablantes (se incluyen usuarios cultos) las usan y se establece precisa comunicación, ¿por qué va a ser delito lingüístico su empleo? En absoluto.
Así, las ayer rechazadas pueden alternar con las normativas (el / la maratón...) o se imponen (buenísimo...), pues a vecesSucede también con la oposición españolismo / hispanismo para referirse a ciertos rasgos lingüísticos propios de nuestra lengua. las puras se vuelven palabras en desuso o desplazadas, aunque sus últimas documentaciones (escritas y orales) no sean anteriores a 1900, conditio sine qua non impuesta por la RAE.
Sucede también con la oposición españolismo / hispanismo para referirse a ciertos rasgos lingüísticos propios de nuestra lengua. Si Andalucía recupera el patrio espíritu universal del 12 de octubre como mensaje en los colegios (“La Junta instruye a los centros para que conmemoren el Día de la Hispanidad con un programa impulsado por Vox”, dice infoLibre), ¿se tratará de un acto cargado de hispanismo o de españolismo? Porque aplicados a nuestro medio de comunicación (oral o escrito), ambos términos no significan lo mismo.
Así, el primero -hispanismo- se refiere “a los rasgos que son específicos del español que se habla en España” (fundéu)En Canarias no siempre tenemos dudas. y el segundo, españolismo, “alude a las palabras o rasgos propios de la lengua española”. Por tanto, la conmemoración del Día de la Hispanidad impuesta por Vox al PP y Ciudadanos, ¿tiene relación con características peculiares de españoles… exclusivamente residentes en España? Porque si se pretende resaltar la acción de España en América (sus peculiaridades ya dependen de puntos de vista), ¿no sería más acertado hablar del Día del Españolismo, propio de españoles y americanos hermanados por la misma lengua?
En Canarias no siempre tenemos dudas. Así, por ejemplo, en las guaguas nos entendemos... con un ¡juuuu! de la persona sentada junto a nosotros en el asiento interior: con tal barroca construcción ¡nos pide paso para salir al pasillo! (Austeridad lingüística no entendida por Unamuno quien, tras desembarcar en Santa Cruz de Tenerife, escribió: “Allí empezó a impacientarme la lentitud de los hijos de la tierra”.)
Pachorrientos, quizás… Pero ahorrativos. ¿Acaso no está claro cualquier mensaje con un “¡chaaaaacho!” y la entonación pertinente? Pues eso.



























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