Nunca está de más mirar dos veces. Primero, porque la interpretación de lo observado es más profunda; segundo, porque confirmamos y mejoramos nuestros pareceres.
Si antes de hablar sin control pensáramos un poco, no solo mejoraríamos la expresión sino que la empatía surgiría de forma natural. Por eso la imagen presenta una doble realidad: la ventana, vieja y estropeada, que habla de una vida vivida y prolongada, y lo que en ella se refleja: la casa de enfrente, aparentemente de su misma época. O sea, que han caminado juntas y juntas se encuentran en el olvido. Es cierto que antes desarrollaban otras funciones más naturales; sin embargo, en los tiempos de ahora, es una suerte que no hayan sido derribadas y se empleen para mostrar a las nuevas generaciones urbanas que el campo también existe.
Y que la vida en él es muy dura.




























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