“Andaba buscando la lectura perfecta. No hice caso de las listas de éxitos ni de las recomendaciones de mis amigos. Busqué detenidamente y llegué al muelle, donde en un desvencijado buque descubrí mi penúltimo libro. Me llevó de paseo por el mundo y me zarandeó en distintos puertos. Para cuando pude regresar, la realidad era otra. Acaso también yo. La lentitud se había convertido en mi bien más preciado. Y, dentro de ella, las palabras recuperaron la fuerza que siempre habían tenido. Entonces mi imaginación se desbordó y viví para siempre en un argumento.”




























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