¿Se puede sanar el pasado?

Julia Ramos Martes, 13 de Agosto de 2019 Tiempo de lectura:

viajealfuturo01¿Podemos viajar al pasado y eliminar aquello que nos hizo daño? No, a menos que seas Marty McFly en Regreso al futuro. La idea de cambiar las cosas que nos hicieron daño en el pasado es muy seductora pero nada realista. En algunas ocasiones, seguimos sintiendo dolor por situaciones que están en nuestro pasado y que nos hicieron daño, ya que rememoramos una y otra vez ese evento. Lo cierto es que lo único que existe es el presente, por lo que si algo de tu pasado te sigue generando sufrimiento tiene que ver con que traes al momento presente la representación de los pensamientos, sentimientos, emociones y sensaciones físicas de la situación dolorosa. Esto está ligado con nuestra capacidad para memorizar y recordar.

¿Alguna vez te has planteado cómo funciona la memoria? ¿Cómo es que guardamos la información y la evocamos para traerla a nuestro día a día? Según Uzer y Brown (2017) la memoria es la capacidad de fijar, conservar y evocar las vivencias que una persona ha acumulado en su vida. Sin embargo, la forma en que el cerebro guarda esa información no lo hace a modo de grabación cinematográfica, sino que más bien realiza una “reconstrucción” de lo ocurrido, de modo que los recuerdos son una representación del pasado y no son exactos.

Mitchell (2015) puntualizó que los recuerdos influyen y están influidos por las emociones y sentimientos de las personas. Esto nos indica que nuestra percepción de la realidad va a repercutir en nuestros recuerdos, de manera que la memoria no es como una caja hermética dónde nada es inamovible. Más bien la memoria es plástica y se modifica constantemente. De hecho, distorsionamos nuestros recuerdos continuamente, añadiendo cosas que nunca sucedieron o modificando lo que ocurrió. Mientras más recordemos un evento, más modificaciones haremos en él.

cerebro01color¿Por qué ocurre esto? La función principal de la memoria es dar coherencia a nuestra realidad, tanto del pasado como del presente y encaminarla hacia lo que queremos conseguir en el futuro. Esto es un mecanismo adaptativo. Un ejercicio muy sencillo para darnos cuenta de la capacidad de nuestro cerebro para generar una realidad es el siguiente: fíjate en dos objetos que tengas delante de tí y piensa por un momento qué relación pueden tener entre ellos. Seguramente, tu mente inventará una historia para conectar los dos objetos y dar sentido lo que le pides, pero lo cierto es que esa historia sólo existe en tu cerebro y no en la realidad.

storyAdemás, nuestra memoria está íntimamente ligada a la afectividad. Un claro ejemplo de esto es cuando una canción nos evoca a una persona o una vivencia de nuestro pasado y automáticamente sentimos emociones y sentimientos de aquel momento. Los autores Abend, Pine, Fox & Bar-Haim (2014) hallaron que la memoria es dependiente del estado de ánimo y viceversa. Esto quiere decir que los recuerdos pasados nos pueden producir alegría o tristeza ahora, pero, a su vez, nuestro estado emocional actual puede modificar la percepción de nuestros recuerdos y nos pueden hacer pensar que nuestro pasado ha sido muy feliz o muy desgraciado. Seguro que te ha ocurrido alguna vez que estando en un mal momento, has echado la vista atrás y has pensando que toda tu vida ha sido un desastre. Este es un claro ejemplo de cómo nuestras emociones presentes influyen en nuestros recuerdos del pasado.

Ahora que sabemos que la memoria tiene relación con nuestros pensamientos, emociones e historia de vida, ¿podemos reducir la intensidad de nuestros recuerdos para sanar el pasado y disminuir el dolor que nos produce?. La respuesta es sí. Podemos procesar la experiencia que nos genera sufrimiento para integrarla en nuestra historia y darle un significado, de manera que disminuya nuestro dolor.

¿Cómo podemos hacerlo?

  1. Aceptar el pasado: Imagina que tienes la habitación desordenada. Siempre puedes entrar ahí y colocar tus cosas. Sin embargo, no podemos entrar en la habitación del pasado y colocar aquellas cosas que nos resultan incómodas de ver. En algún momento tendremos que aceptar que la incomodad forma parte de nuestras vidas y que lo que nos ha ocurrido en el pasado, no lo podemos cambiar. Sufrir por algo que no está en nuestro presente escapa de nuestro control y por lo tanto, nos genera sufrimiento. Solo podemos controlar nuestro presente.
  1. Aprender de la experiencia: Procesar la experiencia que hemos tenido de modo que logremos sacar un aprendizaje de lo que ha ocurrido. Esto nos ayuda a transformar el dolor en algo adaptativo para nuestro presente y nuestro futuro. Según Mullet (2012) no podemos cambiar lo que a una persona le ha pasado en la vida, pero sí se puede modificar su mirada y su actitud hacia esos mismos sucesos para reinterpretar su significado de una forma más positiva.
  1. Olvido activo: Es una una estrategia de evitación de pensamientos, que deja de lado los reproches y deseos relacionados con el hecho pasado que nos genera sufrimiento, una vez hemos aceptado lo ocurrido. De esta forma, la persona se acuerda de lo ocurrido pero se esfuerza activamente en no dar importancia a los recuerdos dolorosos, impidiendo que su pasado determine su momento presente.

Según Echeburúa (2004) de esta forma, los recuerdos dolorosos se convierten en recuerdos biográficos que no encadenan a la persona al pasado.

  1. Espacio para lo nuevo: A la misma vez que reducimos la importancia de los recuerdos dolorosos, podemos pensar en situaciones presentes y futuras que nos generen emociones positivas, de modo que se contrarreste a la tristeza que sentimos por el pasado.
  1. Escribir para sanar: La escritura tiene una función terapéutica y nos ayuda a dar sentido a nuestro dolor y a comprometernos con nosotros mismos a dejarlo en el pasado. Un ejercicio muy práctico y sencillo es procesar aquel recuerdo que nos hace daño, escribiendo qué ocurrió, por qué nos duele y generando posibles soluciones como las anteriormente nombradas, de modo que generemos un compromiso con nosotros mismos para llevar estas acciones a cabo y dejar el pasado en el papel que hemos escrito.
  1. El perdón: Tal como hallaron en sus estudios Davis et al. (2016), el perdón es una estrategia de afrontamiento relacionada con la salud mental y el bienestar. La persona que perdona, disminuye su propio resentimiento, por lo que perdonar no es hacer un favor a otra persona sino a uno mismo. Para Kaleta & Mróz (2018) el recuerdo sin ira, sin afanes vengativos, alivia el dolor emocional.

En definitiva, una cosa es recordar y otra es vivir preso de una representación de un hecho negativo que nos ha ocurrido en el pasado. Vivir en el momento presente es la clave.


Julia Ramos – Psicóloga

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