Perder el tiempo

Opinion

juanferreraLa pérdida de tiempo que supuso el servicio militar en nuestras jóvenes existencias, en los años ochenta del siglo pasado, solo es superada por la estupidez humana que intenta establecer comunicación a través de los medios, sin contexto alguno, en la búsqueda de un gobierno mínimamente estable.

Aquel ejército de raciones de medio pan y de maniobras cada seis meses, o así, donde se movilizaban a miles de jóvenes, vivía del cuento de la patria y del honor y de una mano de obra gratuita que anidaba en los cuarteles a la espera de realizar “labores distintas” a la defensa de la nación. Con cada reemplazo, cada tres meses, miles de jóvenes eran desplazados de sus familias y de su región habitual. En aquellos años de la Transición, el peligro del siguiente “golpe de Estado” era un rumor constante que pesaba como una auténtica losa sobre nuestros hombros. Era lo que había; si bien, el número de objetores de conciencia aumentaba exponencialmente. O así creemos recordar. La sociedad cambiaba rápidamente y miraba hacia adelante. En cambio, el Ejército español, y franquista hasta la médula, seguía arraigado fuertemente en el “ordeno y mando y en una España imperial desfasada”. Y en una anquilosada estructura vertical que era una amenaza constante para aquella incipiente Democracia que a duras penas echaba a andar.

Perder

Sí, perdíamos el tiempo cuidando, por ejemplo, ovejas y cambiando de sitio los excrementos. O enterrando a los animales enfermos. O apostados en una lejana garita “por si viene el enemigo”. Hoy, muchos cuarteles languidecen en el abandono y en la soledad: instalaciones estatales cerradas a cal y canto a las que no se les espera una nueva utilidad social. ¿Adónde habrá ido a parar la energía acumulada de tanto tiempo inútil? Menos mal que la profesionalización ha traído seriedad y verdadero servicio social. Incluso ahora participa el Ejército en Misiones de Paz y en los desagradables y tristemente recurrentes incendios forestales. Y ojalá el futuro se llene de armas cargadas de auténtica y sincera solidaridad.

Y que el tiempo no se pierda inútilmente.


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