El hecho de que la Biblioteca Infantil esté vacía es solo circunstancial: todavía, en el momento de la imagen, el curso no ha terminado. Aún así, las tardes de principios de verano se fueron llenando de risas y aventuras. Y de una manera de construir el tiempo tan peculiar que los pequeños lectores no querían pasar por alto. Aunque no fueran muy conscientes de su iniciativa, no solo contactaban con el ser humano en la imaginación desbordada, sino que, además, disfrutaban con libros ilustrados en los que la letra impresa adquiría un valor extraordinario. Y daban vueltas a las alegres páginas y volteaban el libro como si de un juguete se tratara. En esos gestos sobresalía, sobre todo, la inteligencia. Y el deseo de tratar al lector con respeto y educación.




























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