“Me lo han dicho en otras ocasiones: desde la Cumbre de mi isla puedo ver, a veces, las otras, sobre todo las más altas.
Pero, por mi corta mirada, mis preocupaciones están constantemente a nivel de playa o de barranco. Siempre estoy atenta y vigilando por si vienen los nuevos conquistadores. Y no vendrán en los viejos navíos de hace quinientos años. Las métodos, y los medios, han cambiado y ahora podrán arribar en silencio, sin aspavientos ni ruidos. Y no me gustaría engullir a nadie. Ni provocar catástrofe alguna. Primero, porque no es mi estilo. Y segundo, porque no quiero romper el mito en que me he convertido. Deseo ofrecerme en la esperanza más duradera y en el anhelo que se mueve en el interior de mis vecinos y paisanos.
De momento solo muestro algunos paisajes de San Borondón.
Sí, sé que son casi conocidos.
Pero todavía no ha llegado el tiempo en que se den cuenta.”

































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