Egos con efectos espaciales
Las palabras que según la NASA dejó para la posteridad Armstrong al pisar por primera vez la Luna “esto es un pequeño salto para el hombre (o exclusivamente para un hombre, o sea él), pero un gran salto par a la humanidad” confirma que, a partir de ese momento, la afrenta a la Tierra se hizo pública sin apenas decir una sola sílaba que así lo acreditase.
Comenzaba a diluirse el Planeta que habitamos producto de la nefasta actuación de esa humanidad a la que se refería el astronauta en su monólogo estelar e iniciábamos el ocaso de la vida en el Planeta que nos ha tocado en suerte.
Ahora, cincuenta años después de aquí digamos, heroicidad de la tecnología aéreo espacial llevada a su máximo nivel, buscamos nuevos espacios en otros lares ante la evidente degradación del ecosistema, el más que aparente cambio climático y la contaminación abusiva del aire que respiramos.
De seguir así, el que compró en la subasta el traje del protagonista de esta historia, será uno de los pocos afortunados en mantenerse vivo bajo la escafandra ¿O no quieren decirnos la verdadera posición de la nave en el momento de la fotografía? ¿Nadie se ha visto en la tesitura contradictoria de pensar en el alunizaje como una alucinación provocada por las potencias mundiales en unos años de refriegas sordas y rescoldos del belicismo? Estoy plenamente seguro de que sí, todos y todas en alguna ocasión hemos pensado que todo fue un montaje cinematográfico con la única intención de dar a entender al mundo quién era el más fuete, el más poderoso y el que disponía de los medios suficientes para adueñarse del porvenir de otros mundos.
El escepticismo mezclado con la incredulidad se asemeja a una parte de la humanidad que explicaba la frase emocionada del que se siente privilegiado de haber sido el primer visitante de la Luna, a confundirse en fórmulas que lejos de ser tachadas de ignorancia, son perfectamente respetables y dignas de tomar en consideración.
Al menos hemos progresado bastante en este tiempo, los meteorólogos ya nos pronostican cambios de temperatura con notable exactitud, la telefonía móvil marcada con los radares provenientes de un satélite posicionado por encima de lo visible a nuestros ojos nos ocupa el tiempo de ocio robándonos empatía pero, al fin y al cabo, no es de humanos errar, no ha tropezado la humanidad durante siglos en la misma piedra sin aprender nada, no somos realmente individuos de una especie empeñada en hacer desaparecer las que nos molestan o a las que despreciamos por su aspecto, no valoramos el bienestar por encima de la calidad de una vida más sana. Entonces ¿Qué más da si Armstrong dijo que era él aquél hombre y no un simple número dentro de un colectivo de hombres y mujeres llamado humanidad?
Sin que la mayoría se diese cuenta, a partir de ese instante los visionarios de una vida en otros mundos le declaraban la guerra a la Tierra afectados de un inconmensurable egocentrismo por ser los primeros en alcanzar la posesión de un nuevo lugar para exprimir y gestionar beneficios los problemas a los que la humanidad se enfrentaba a partir de entonces no parecían ser sugerentes ni atractivos de tomar en consideración.
Fue el comienzo del más que plausible final, este puede o no venir de una gran explosión y sí de algún gigantesco meteorito lanzado desde alguno de esos puntos en el espacio sin localizar por nuestros telescopios porque ¿Quién puede asegurarnos que no nos observan del mismo modo que nosotros tratamos de expiarlos? ¿Hay vida más allá de nuestra vida? ¿Son el resto de astros, planetas o luceros meros decorados sobre nuestro cielo? Lo que podemos afirmar es lo que vemos delante de nosotros porque es la realidad palpable, el plástico bloquea nuestros mares, el tráfico tapona nuestros pulmones, el terrorismo forestal quema nuestro oxígeno, los que tiñen de negro el futuro de otros con la ayuda del poder del dinero acaparan en sus manos la esperanza de vida de los que pasan hambre y para colmo, se enfrascan en una lucha de arrogante objetivo, situarse en posición de marcharse de aquí cuánto antes si las cosas se le ponen difíciles; a bordo de una nave espacial claro aunque, puestos a delirar, ¿No tendrán la cúpula preparada en algún lugar remoto, pero más cerca de lo que pensamos?





























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27